CONCIENCIA NEGRA Y PROCESO DE LIBERACIÓN

Leonardo Boff

 

(Si no soy negro por raza, puedo ser negro por opción política,

quiere decir, que sin ser negro puedo asumir la causa de

libertad de los negros, defender el derecho de sus luchas,

reforzar, como se pueda, su organización y sentirme aliado en la

construcción de un tipo de sociedad que vuelva cada vez más

imposible la discriminación racial y la opresión social y que

vea como riqueza la diferencia y la acoja como complemento.)

 

Por todos lados emerge la conciencia negra, en sectores

importantes, de los 60 millones de negros que componen la

población brasileña. La irrupción de esa conciencia tiene dos

significados fundamentales

* el primero detecta el pecado original que subyace a toda

nuestra sociedad; el mecanismo de violencia organizada que

preside nuestras relaciones sociales, volviendo ilusoria nuestra

democracia racial.

* el segundo reclama el rescate de una identidad negada y, al

mismo tiempo, hace una poderosa reafirmación de una cultura

silenciada cuyos valores deben entrar en un proyecto colectivo

que supere las contradicciones y antagonismos presentes, hoy en

una perspectiva nacional y mundializada. Consideramos cada uno

de esos significados claves.

 

Conciencia negra como negación de la negación

La conciencia negra nos da cuenta de los cinco "no" históricos

de que los negros en general los pobres y marginados son

víctimas.

El primer "no" viene del proceso colonial. Ser colonia

significa ser reducido a no-pueblo, no tener autonomía como

pueblo; no tener un proyecto propio, una historia independiente

y una identidad propia. Es existir para los otros, producir

para otros y entregar la vida y la muerte en las manos del

invasor.

El segundo "no" viene de la esclavitud es ser hecho no-persona,

pieza, cosa, ser bestial (expresiones cotidianas en el lenguaje

de los esclavistas; alguien arrancado de su continente, Africa,

tratado como animal, sin ningún derecho, hecho instrumento de

riqueza de los señores y que, después de explotado durante 8-10

años (ese era el tiempo de vida útil del esclavo), quedaba fuera

y sustituido por otro.

El tercer "no" resulta de la exclusión social es ser hecho no-

ciudadano. De la senzala(*), fue arrojado directamente a la

favela, sin ninguna compensación o pedazo de tierra o casa o

instrumento para comenzar a trabajar.

El cuarto "no" proviene del racismo es ser hecho no-digno, no-

inteligente, no-puro, ser inferior y despreciable, por el hecho

de ser negro de raza y de color oscuro.

Por fin, el quinto "no" deriva de la marginalización religiosa

es ser considerado no-hijo de Dios, pues es ser considerado

como

hijo de la maldición de Caín y presa del demonio; la esclavitud

social, se decía, es expresión de la esclavitud sobrenatural a

la que están sujetos los africanos por causa del color de su

piel.

Esos "no" provocaron una pasión colectiva de un pueblo, que

supera las estaciones del viacrucis del Hijo de Dios; un

sufrimiento generalizado tan grande que casi mató, en los

negros, la conciencia de ser personas.

Y a pesar de eso, los negros resistieron a todo y ahí están en

nuestra sociedad, con una esperanza y una fe que confunden la

sensatez de la razón. Por causa de ellos, nos rehusamos a

aceptar que el cúmulo de sufrimiento no tenga un valor universal

y no traiga lecciones para toda la humanidad, a condición que

los negros y negras hablen, testimonien, y animen una lucha para

que nunca más en la humanidad se perpetre semejante

deshumanidad

sobre nadie y sobre ningún pueblo o etnia.

La conciencia negra mantiene viva esa memoria passionis y nos

enciende la mala conciencia necesaria de que nosotros somos los

causantes de las inequidades que los afligen. Y que tenemos el

deber de la reparación histórica y de hacer, juntos, una

justicia que todavía no llegó.

La esclavitud deshumanizó a todos. Deshumanizó a los señores

de

esclavos. Vivieron la esclavitud con un permanente síndrome de

miedo de revueltas, de envenenamientos, de asesinatos de

patrones, de hijos, de asaltos a sus mujeres. Los esclavos eran

casi siempre mucho más numerosos que los blancos. En

Salvador y

en la capitanía de Sergipe, por allá en 1824, eran 666 mil

esclavos y 192 mil blancos libres. En 1818, en todo Brasil,

50,6% de la población estaba compuesta por negros esclavos.

Para infligir la violencia que impusieron a los negros, tuvieron

que reprimir su capacidad de comprensión, de humanidad, de

compasión. Por eso, hasta hoy las clases dominantes, herederas

del orden esclavista, están llenas de prejuicios de que los

negros, los mulatos, en fin, los pobres, nada valen, deben ser

tratados con violencia y dureza; los salarios de hambre son

entendidos como manifestación de generosidad, y no un deber de

justicia, pues los negros, según ellos, deben simplemente

trabajar para los otros, como siempre trabajaron. Aún hoy, son

los últimos en ser admitidos en algún empleo y los primeros en

ser dimitidos.

La esclavitud deshumanizó mucho más a los negros. Bajo esa

violencia, internalizaron dentro de sí al opresor; para

sobrevivir tuvieron que asumir la religión, las costumbres, la

lengua de sus opresores; tuvieron que desarrollar la estrategia

del disimulo, para nunca decir no y, al mismo tiempo, poder

conseguir un derecho o un objetivo que de otra forma jamás

alcanzarían; para ascender en la sociedad dominada por los

blancos, muchos tuvieron que emblanquecer su modo de ser y de

pensar; tuvieron que negarse a sí mismos, como cultura y como

etnia; a fuerza de ser inferiorizados y negados, acabaron

perdiendo el auto-estima y las dimensiones de su extraordinario

papel civilizador en la construcción de Brasil.

La conciencia negra, con sus varios movimientos, no nos deja

olvidar esa anti-realidad. Destruye el mito de una democracia

racial, de una benevolencia y endulzamiento en las relaciones

sociales brasileñas; ellas son, en la perspectiva de las

víctimas, duras, crueles y sin piedad.

Es mérito de los varios movimientos negros -desde el Frente

Negro Brasileño, de los años 30, del Teatro Experimental del

Negro, de los años 40-50 (con Abadias do Nascimento), y del

Movimiento Negro Unificado contra la Discriminación Racial (con

Lelia Gonzáles, Abdias do Nascimento y otros), de los años 70,

de la Unión y Conciencia Negra, de los años 80, y otros-

plantear permanentemente la cuestión negra como una cuestión no

resuelta en la conciencia colectiva brasileña.

 

Conciencia negra y liberación para un proyecto democrático

multiétnico

La segunda misión de la conciencia negra es más constructiva y

promisoria rescatar la identidad humillada y contribuir a un

proyecto de liberación global, pan-humanista, pluricultural,

multiétnico, ecuménico y democrático. Enfaticemos apenas

algunos puntos.

 

- Rescatar la memoria histórica a partir de la senzala

Tarea urgente y todavía no totalmente realizada constituye el

rescate de la historia del sufrimiento y de las luchas de

liberación, hecho a partir de la perspectiva del senzala y en el

espíritu de los quilombos. La mayoría de las investigaciones

sobre la cuestión negra viene escrita por la mano blanca; por

tanto, en la perspectiva de la casa-grande, con una

epistemología marcada por los intereses de los agentes de la

dominación y de sus aliados. Además, en gran parte, es una

ciencia arqueológica, en el sentido de interesarse por el pasado

de la esclavitud y no percibir la vigencia del esclavismo tardío

que continúa hasta los días de hoy, en el tipo de relación

social de exclusión a que están sujetos los negros en la

sociedad dominante de los blancos. Se trata también de una

ciencia, en gran parte, sin praxis política de liberación. No

se trata solo de saber sobre el negro, sino principalmente de

valorizar el saber del negro, saber acumulado de resistencia, de

lucha, de prácticas organizativas y de sueños presentes en el

quilombaje. Importa devolver al negro el discurso, su capacidad

de nombrarse, de elaborar la conciencia de sí para sí mismo,

como momento de una conciencia para el otro, de rescatar las

matrices de su experiencia histórica de sufrimiento y de

libertad.

El rescate de la conciencia histórica significa un momento de

lucha de liberación de los negros, y no apenas una tarea

iluminista y académica. Es un momento de constitución del sujeto

de la liberación que se da cuenta de su inserción inicua en la

historia de la barbarie blanca, para extroyectarla de dentro de sí

y elaborar una práctica que la supera y le arranca las condiciones

históricas de su reproducción.

La historia contada por la mano negra no es solo una historia

contra el blanco; es una historia propia, que no se confunde con

la historia de sus opresores y esclavistas, aunque esté ligada

dialécticamente a ella.

A partir de esos postulados, se percibe que los primeros

luchadores de la libertad en Brasil no fueron los blancos

oprimidos, no fueron los inconfidentes u otros. Fueron los

negros. Desde el inicio de la introducción de la esclavitud, en

1538, y definitivamente a partir de 1549, hubo, de forma continua,

persistente y nacional, las revueltas, las fugas y los quilombos

(el primero data de 1559, en Pernambuco), éstos, por decenas, en

casi todos los Estados donde fortalecía la esclavitud. El más

importante de ellos se llamó República de los Palmares (1628-

1695), ocupando un área de 27 mil kilómetros cuadrados, en lo

que

hoy es Sergipe, con 20 a 30 mil habitantes distribuidos en 16

aldeas. La práctica de liberación de los quilombos, con su

ejemplo de dinamismo económico, de relaciones de producción

comunitaria, de armonía social y de expresión religiosa sin casta

sacerdotal y de comunión colectiva con lo sobrenatural, debe ser

rescatada como valor de animación para las luchas de los negros

de

hoy.

Enseguida, importa reconocer que los negros fueron los que

construyeron prácticamente todo lo que se construyó en este país.

Fueron los únicos que trabajaron de verdad, porque los señores

solo comandaban y recogían, perezosamente, el fruto del trabajo

esclavo de los negros. En las guerras, fueron los que más

lucharon. En la Guerra del Paraguay, gran parte de la clase

señorial cobardemente desertó de sus deberes militares. En su

lugar, mandaron a sus esclavos; éstos, en número de cerca de 100

mil, murieron en los frentes de batalla, y otros millares, de

malaria y de desnutrición. Muchos, al volver, fueron

traicioneramente re-esclavizados.

A pesar de eso, ellos, que tanto trabajaron, llevan el defecto de

ser perezosos y poco afectos al trabajo serio. Los negros

tuvieron una gran función civilizadora, dieron contribuciones

preciosas en los hábitos familiares, en la religiosidad, en las

costumbres, en la lengua, en la agricultura, en la medicina, en la

culinaria, en la música, en la visión del mundo, cargada de

sentido ecológico y místico, bajo las condiciones más inhumanas

que podemos imaginar.

- Recuperar la cultura negra

No existe una cultura substancialmente definida por sí y en sí.

Una cultura, así como una identidad cultural, se instaura a partir

de una relación de oposición. Es en la diferenciación con otros

que un grupo humano se entiende y se define. El niño elabora su

yo a partir de la confrontación con los padres y otros familiares.

El hombre solo se descubre como tal bajo los ojos de la mujer, y

viceversa. Así, también la conciencia negra emerge cuando se da

cuenta de su sufrimiento, producido por la cultura blanca.

Elabora un proyecto de resistencia, descubre aliados que, aunque

diferentes, se unen contra un opresor común. La negritud, en los

años 30, cuando surgió en el Caribe (Aimé Césaire y León

Damas) y

en Francia, respectivamente, y en Africa (Léopold Senghor y su

grupo de Manifiesto de Legítima Defensa, en 1932), quería

reafirmar los valores de la cultura negra. Black is beautiful y

I, too, am America, del gran poeta negro norteamericano Lanston

Hughes, muestran ese lado antiracista del movimiento. Quieren

reafirmarse como negros y norteamericanos o brasileños o

caribeños. No quieren ser discriminados por el hecho de ser

negros. Quieren ser aceptados como negros, en la positividad de

esa diferencia. Ayudan, con sus valores, a construir la nación.

Esa postura es correcta. Pero la cultura es algo más. En la

confrontación con otros, descubre que ser negro es una forma

singular de estar en el mundo. En verdad, se debería hablar en

plural, de las varias culturas negras, porque abarcan varias

naciones, con lenguas, tradiciones, metafísicas y religiones

diferentes. Pero ellas tienen eso en común no son culturas

occidentales. Trabajan otro tipo de racionalidad, otra relación

con el cuerpo, otras emociones, elaboran diferentemente el

imaginario, la comprensión de la vida, de la muerte y la relación

con los ancestros. Especialmente, dan otra centralidad a la

dimensión mística y religiosa del ser humano. Todas las culturas

negras son profundamente religiosas, de una religiosidad cósmica

y

holística. Recuperar la cultura significa rescatar la legitimidad

de sus formas de habitar el mundo, de comer, de vestirse, de

bailar, de realizar sexualidad y el amor, y de rezar. Es un

esfuerzo para no dejarse asimilar de forma ingenua por la cultura

dominante. Pero permitir un diálogo fecundo con ella a partir de

las matrices propias de la cultura de los negros.

- Mantener viva la dimensión ético-moral

El rescate de la cultura y de la memoria de los negros no es solo

un asunto de historia, sino de justicia. Importa no olvidar jamás

la constatación de que la cultura occidental blanca y el tipo de

lectura que se hace del mensaje cristiano en ella encarnada

siempre se caracterizaron por la utilización indiscriminada de la

violencia en la relación con los otros diferentes. Hubo siempre

una dificultad casi insuperable de acoger la alteralidad racial y

las diversidades religiosas. Estas fueron casi siempre o

destruidas o incorporadas de forma subalterna y dominada. Los

negros son las víctimas más trágicas de esa estrategia hasta los

días de hoy.

Por eso, cabe continuamente denunciar ese virus devorador

presente

en el paradigma occidental y mantenerlo bajo vigilancia, para que

no continúe con su obra avasalladora. Por otra parte, importa

recoger las pocas expresiones de condena de la esclavitud, como

los jesuítas Miguel García (1583) y Gonçalo Leite (1586), luego

castigados con la transferencia a Portugal; las manifestaciones de

solidaridad con los esclavos en la fase tardía de la esclavitud,

como los gestos de Antônio Bento y sus caifases, que ayudaban a

montar quilombos; la importancia de las confradías, como la de

Nuestra Señora de los Remedios; la procesión del esclavo

torturado

y otras.

Pero, principalmente, se debe martillar en la tecla de la

reparación histórica mediante la reforma agraria, que debería

favorecer preferentemente a negros y mestizos; una política de

urbanización de las favelas, donde habitan las poblaciones negras;

una estrategia de educación y salud que los atendiese, pues son

relegados a la desatención; una estrategia de generación de

empleos que se abra principalmente a ellos; el camino de la

profesionalización y de la participación en todos los estratos de

la sociedad. Esa deuda, las naciones otrora esclavistas jamás

pagaron a alguien de los descendientes negros.

Pertenece también a la lucha ético-moral la reivindicación del

respeto por el ethos negro, o sea, por la forma singular como

organizan la vida social, con sus costumbres, su erótica, su

sentido de integración del ser humano, diferente de aquel

occidental y blanco; su comprensión del trabajo, la producción y

el descanso y la inserción del factor lúdico-musical y religioso

en todas las esferas de la experiencia humana.

- Reconocer la legitimidad de la experiencia religiosa afro-

brasileña

Este punto es de fundamental, pues la religión constituyó el

principal soporte de resistencia y alimento de esperanza para

todos los esclavos. La religión trabaja el sentido de los

sentidos; mejor que las ciencias y la filosofía, devuelve al ser

humano el sentimiento de comunión con la totalidad de los seres,

aquello que nos re-liga a todo y confiere a la caminata humana un

rumbo promisorio. Tal vez ninguna experiencia religiosa aproxima

tanto los seres humanos a la divinidad que aquella afro-brasileña.

El cristianismo reconoce la encarnación como hecho kairológico

solo a Jesús de Nazaret. En el candomblé, cada uno puede ser

"cavalo"(**), sujeto receptor de la divinidad en su propio cuerpo.

Personas que nada cuentan socialmente, anónimos y

despreciados por

la política, oídos por nadie y considerados como ceros

económicos

son importantes en el momento en que se encuentran en sus

terrenos

o en sus comunidades eclesiales de base. Aquí son escuchados

por

nadie más que por el propio Dios. Se sienten dignos de

establecer

una relación con el Supremo Valor y recuperan así su humanidad

sagrada y tan vilipendiada.

Las iglesias cristianas tienen hasta hoy una deuda no pagada a

los esclavos latinoamericanos y brasileños. No les anunciaron

un Jesucristo libertador. La catequesis fue entregada a los

señores de esclavos.

Los misioneros, hasta hace poco, interpretaron las religiones

afro-brasileñas como magia y posesión demoníaca; por tanto,

como

algo que está bajo el dominio de la perversidad. Debían ser,

según ellos, combatidas y eliminadas; movilizaron el Estado y la

Policía para perseguirlos y destruirlos, sea el vudú de Haití,

las santerías de Cuba, el sanghô en Trinidad Tobago, el

candomblé y la umbanda en Brasil. Convertirse al cristianismo

significaba, en la perspectiva de los negros, negar Africa y

renunciar a las raíces étnicas; en una palabra, matar el alma de

la resistencia y de la liberación.

El sincretismo que hicieron fue una estrategia de resistencia a

ese tipo de exigencia suicida, forma de ocupación de los

espacios del sagrado católico o protestante, para sobrevivir y

alimentar su esperanza de liberación. De ahí la importancia de

la temática del Exodo y de la Tierra Prometida, de Jesús como

Siervo sufridor, la búsqueda del Nuevo Israel y de la Nueva

Jerusalén, de la libertad de todos, hermanos y hermanas, que se

percibe en las canciones y en el ideario del sincretismo

religioso de matriz negra, particularmente norteamericana.

En ese sentido, podemos hablar como los teólogos de la black

theology Dios se hizo negro, o sea, él se identificó con la

pasión de los esclavos, así como se identificó, en la versión

del Evangelio de San Mateo (Mt. 25,45), con los hambrientos,

sedientos y desnudos.

- Articular lo étnico con lo social negro y oprimido

La lucha de los negros no puede restringirse a la valorización

de la cultura como proyecto político y al rescate de la

identidad racial. Tal lucha podría crear guetos, favorecería el

neocolonialismo de las clases dominantes, confinando los negros

en sus zonas y reservas. Faltaría un elemento clave para toda

la liberación la solidaridad con otros oprimidos. En verdad,

los negros no son solo discriminados en razón de la raza y de su

anti-historia de esclavos, sino son también socialmente

oprimidos y hasta excluidos. Hay aquí cuestión de clase social

junto con aquella de raza.

No articular raza con clase es caer en una trampa que solo

favorece a los que juegan con la división de los oprimidos. Por

eso, importa siempre articular el estudio de los actores

sociales colectivos (negros, en este caso) con el sistema que

los oprime y excluye. En otras palabras, urge siempre mantener

juntas la dimensión subjetivo-colectiva, que significa la

búsqueda de la identidad racial y cultural, con la dimensión

objetivo-colectiva, que es la función social de resistencia,

protesta y liberación. Quedar solamente en la liberación de la

opresión económica y política, sin percibir la dimensión racial

y cultural negra, es perder la singularidad de la lucha de los

negros; quedar solamente en la liberación racial y cultural, sin

darse cuenta de la liberación económica y política es quedar a

medio camino. El negro puede ascender en la clase social, en la

ciencia y en las artes, pero continúa siendo discriminado en

razón de su raza y de su historia.

 

Proyecto de una nueva democracia multiétnica, igualitaria,

solidaria, ecológica, pluralista y espiritual

Solamente en una sociedad democrática basada en la

participación, en la búsqueda de niveles cada vez más altos de

igualdad societaria, en la valoración de las diferencias, en el

sentido de la solidaridad y en la acogida de la comunicación

intersubjetiva y en el aprecio de lo religioso y de lo

espiritual como dato antropológico de base, se puede esperar una

liberación contra los prejuicios, discriminaciones y exclusiones

que sufren millones de negros en Brasil y en el mundo. Los

negros pueden traer una contribución inestimable a la

construcción de una nueva sociedad democrática, porque,

históricamente, para sobrevivir, tuvieron que bambolearse, crear

habilidades y gestos, sincretizarse, resistir para mantener

valores fundamentales y protestar hasta la muerte contra el

secuestro de la libertad. El sufrimiento los hizo maestros de

la sobrevivencia y de la vida; la capacidad de crear nexos por

todos los lados, de vincular todo a lo sagrado y así conferir a

la historia un aura promisoria de que siempre hay lugar para la

esperanza contra todas las desesperanzas, actitudes esas

imprescindibles para la construcción no ideológica de una

democracia racial y pan-humanista.

La mayoría de los negros no tiene conciencia de que su cultura y

sus religiones los ayudaron a mantener la dignidad mínima; no

está informada de su alto papel civilizador en Brasil. La

esclavitud produjo en ellos la pérdida del auto-estima; por eso,

tienden a considerar que su cultura y sus religiones son

marginales por el hecho de que ellos también se descubrieron

socialmente marginados. En verdad, son culturas ricas y

religiones de gran complejidad y profundidad teológica,

reveladoras del misterio divino donde deriva la fuerza de la

integración humana.

La democracia será el espacio para la convivencia de todas las

etnias, de todas las lecturas del mundo, de todas las

experiencias de lo sagrado y de lo divino. La república negra

de los Palmares trató de realizar ese sueño, pues en ella no se

encontraban solamente negros fugitivos, sino también campesinos

empobrecidos, blancos marginados, mestizos discriminados,

cristianos y hasta frailes franciscanos. Todos compartían un

sueño de libertad en la convivencia de todas esas diferencias.

Hoy no entendemos más la sociedad sin su dimensión ecológica.

Pertenece a la integralidad de la democracia la exigencia de que

ella incluya como ciudadanos con derechos a la existencia y al

respeto los elementos cósmicos, los animales, las aves, las

plantas, las aguas, los suelos y las montañas, compañeros de

viaje de los seres humanos. El ser humano vive la relación con

los otros, en la interacción personal; vive la dimensión social

con los otros en instituciones que deben ser justas y

participativas, dentro de una naturaleza respetada e integrada

que garantice una buena calidad de vida a todos y permita una

experiencia globalizadora del ser humano con la totalidad del

Universo. La democracia debe ser sociocósmica. Solo así el ser

humano reconoce la solidaridad existente entre todos los seres

de la creación y su inserción en la inmensa corriente de vida y

en el proceso evolutivo que llegó hasta él y que prosigue

abierto hacia adelante. La cultura negra expresó

maravillosamente esa dimensión cósmica. Los orixás(***) se

manifiestan en las fuerzas de la naturaleza y la propia

naturaleza es vivida en su interioridad espiritual, cargada de

energías y de mensajes.

Hay, hacia adelante, un largo camino para construir tales

relaciones. Ellas deberán ser conquistadas por el grupo negro

con la solidaridad de otros oprimidos y de tantos otros aliados.

Solo así sus derechos serán garantizados y preservados, de

hecho, y tendrán condiciones de contribuir con su inmenso acervo

de sufrimiento a un país donde sea menos difícil la solidaridad

y la amistad, para no decir el amor.

Esa colaboración de las poblaciones negras gana dimensión

mundial. La mundialización a la que estamos asistiendo solo

será un crecimiento en la etapa de la hominización y de la

humanización de las relaciones entre los diferentes si tiene

como palanca los valores a que nos referimos arriba. Caso

contrario, estaremos todos en las redes de una nueva

colonización mundial, a partir de una fuerza imperial que impone

a todos su singularidad como expresión de una falsa

universalidad.

Notas

(*) Senzala conjunto de casas destinadas a los esclavos en una

hacienda o casa señorial

(**) "cavalo" individuo que recibe la capucha de paja que

representa el dios de las dolencias.

(***) orixás divinidad africana de las religiones afro-

brasileñas

 

*Leonardo Boff, uno de los principales exponentes de la Teología

de la Liberación, es profesor emérito de la Universidad del

Estado de Río de Janeiro.