UNIVERSIDAD DE LIMA

Centro de Estudios Ambientales

 

 

Seminario Internacional

La Educación Ambiental en el Próximo Siglo

Niveles Secundaria y Superior

 

 

 

PONENCIA:      Cultura Ambiental. Alcances y Limitaciones

Presentada por:  Mag. Silvia Tarazona

 

 

 

Hablar de Cultura Ambiental es referirse al fondo social en el que tiene lugar la educación ambiental.   Este fondo social, en su inicio, no fue dado por ninguna instancia educativa, surgió espontáneamente de lo que la experiencia de vida de una comunidad iba definiendo como importante para su supervivencia.  Esto significa que, originalmente, la cultura ambiental no era diseñada a priori, sino que aparecía como el resultado natural de lo que la comunidad iba percibiendo como adecuado a sus necesidades en relación con el medio ambiente.   En esto difiere de la Educación Ambiental en la cual su contenido es planificado, trasmitido e incorporado al sistema cultural de una comunidad.

 

Sobre esta premisa, considero que cualquier acción de tipo educativo debe tener en cuenta aspectos del contexto sociocultural que señalo a continuación si queremos garantizar la sostenibilidad del proceso, ya que es precisamente en ese fondo cultural donde se ubican la mayor parte de los factores que la posibilitan o la dificultan. 

 

Para el efecto, comenzaré proporcionando algunos alcances sobre los  aspectos del contexto sociocultural que es necesario considerar, para luego señalar las  limitaciones que se presentan cuando este contexto enfrenta procesos de cambio cultural. Finalmente, presentaré un esquema sugerido de acción basado en un enfoque de socialización adulta, que puede servir de base para el diseño de planes de acción específicos.

 

A.       Alcances

 

En principio, toda cultura surge de las experiencias concretas que una comunidad tiene, a través de las cuales se van valorando ciertas prácticas y descartando otras.  En el plano de la cultura ambiental, sucede lo mismo.  Las comunidades van adoptando ciertas conductas proambientales y dejando de lado otras en función de lo que tiene sentido y utilidad para ellas.  Este sentido y utilidad para todas nuestras acciones es un elemento importante a tener en cuenta, ya que todos nuestros comportamientos ambientales siguen una lógica, que puede ser compartida o subjetiva, pero que es producto de una forma de ver las cosas en base a una experiencia vivida.

 

En segundo lugar, las prácticas aceptadas por una comunidad van dando lugar a manifestaciones concretas que, en términos culturales, se pueden apreciar en  rituales, símbolos materiales, lenguaje, y relatos de casos sobre el medio ambiente (Robbins, 1997).  Es a través de estas manifestaciones que la cultura ambiental se trasmite de generación en generación, reforzando lo que la comunidad considera valioso para la continuidad y supervivencia de una forma de relación con su medio ambiente. 

 

En tercer lugar, el contexto sociocultural no es uniforme. Cuando hablamos de una cultura ambiental, en realidad estamos hablando de una serie de culturas ambientales relacionadas con una diversidad de contextos sociales, llámeseles educacionales, económicos, religiosos, artísticos, y políticos (Allport, 1951), los cuales a su vez funcionan dentro de una variedad de contextos geográficos, que le otorgan una calidad particular a la relación de la comunidad con su medio ambiente.

 

Por lo tanto, cualquier intento de transmitir una educación ambiental debe tener en cuenta no solo aspectos genéricos del problema sino aspectos específicos pertinentes para  cada uno de estos contextos, además de las manifestaciones concretas de cada cultura y del sentido y utilidad que tiene para cada una de ellas. 

 

En cuarto lugar, al estar el contexto sociocultural constituído por personas, es importante tener en cuenta que las personas funcionan a tres niveles psicológicos, uno cognitivo, uno afectivo, y uno conductual, cada uno de los cuales presenta una puerta de entrada para las experiencias concretas que se tengan con el medio ambiente, pero que requieren de las demás para que esta experiencia se traduzca en una concepción sustentable.

 

Es decir, que si la persona recibe información sobre el medio ambiente (nivel cognitivo), pero esta información es registrada por la persona como irrelevante (nivel afectivo), la acción proambiental no se ejecutará (nivel conductual).  Y aún si se ejecutara, tendría que pasar por varios niveles de profundidad actitudinal.  Por ejemplo, se podría quedar solo a nivel de conformidad temporal con la acción, o a nivel de un compromiso afectivo-emocional con quienes comparte esa acción o, en el mejor de los casos, podría pasar a un nivel más estable de  convicción personal sobre el valor del medio ambiente.

 

Este ciclo de tres niveles se repetiría para cada una de las experiencias concretas que la persona tenga con el medio ambiente, las cuales contribuirían progresivamente a la eventual formación completa de una cultura ambiental propia.

 

 

B.  Limitaciones  

 

A los cuatro alcances expuestos habría que añadir algunas limitaciones provenientes del proceso de cambio de cultura representado por una educación ambiental basada en nuevos valores que, si bien rescatan la esencia de lo que siempre debió significar para nosotros el medio ambiente, implican en realidad una nueva forma de relación con éste.

 

En este sentido, debemos distinguir entre la educación ambiental que se recibe por primera vez como es el caso de los niveles de inicial y primaria; frente a la educación ambiental que se recibe en los niveles secundaria y superior, los cuales implican un cambio en las esferas cognitiva, afectiva y conductual de cada persona.  Es decir, que ésta pondrá en funcionamiento una serie de mecanismos de reacción psicológico-emocionales como la negación del problema, el despliegue de cólera, e inclusive una conducta depresiva, como pasos previos a la aceptación de un cambio de cultura cuyos efectos aún deben pasar la comprobación empírica de si tienen algún sentido para la persona y de si son útiles o no para la supervivencia de la comunidad.

 

Este proceso denominado reactancia psicológica se manifiesta en las tres esferas ya mencionados de la siguiente manera:  Como una reactancia a informarse y saber más de la nueva cultura ambiental, por considerarlo innecesario (nivel cognitivo); también como una reactancia a sentir de manera diferente a lo acostumbrado, por temor a enfrentar algo desagradable (nivel afectivo), o como una reactancia a asumir nuevas acciones que conllevan un proceso de aprendizaje, por demandar éste un esfuerzo adicional (nivel conductual). 

 

 

Esquema sugerido de Acción

 

En función de los alcances y limitaciones expuestos, considero útil hacer uso del enfoque propuesto por Tapp y Levine, 1977, en el sentido de catalogar como un proceso de socialización adulta, el aprendizaje de cualquier nueva conducta que ocurra superponiéndose a otra anteriormente adoptada. Aunque las aplicaciones de estos investigadores se refieren a acciones que se dan en el contexto legal de la comunidad, considero sus conceptos como susceptibles de ser transferidos al contexto ambiental.  

 

Para esto se requiere, en primer lugar un cuestionario que revele los niveles cognitivos y éticos de análisis y  decisión de los participantes sobre acciones proambientales.  En dicho cuestionario figurarían preguntas con opciones de respuesta a elegir entre: (a) conductas  orientadas a la evitación del castigo por el incumplimiento de las normas ambientales (nivel preconvencional de análisis y decisión), (b) conductas  de conformidad con dichas normas como señal de adhesión al  orden  social (nivel convencional); y (c) conductas de creación de elementos culturales como producto del respeto y convivencia con principios fundamentales del orden natural (nivel postconvencional). 

 

Cabe señalar que considerando que la educación ambiental a niveles secundario y superior constituye un proceso de cambio cultural, se espera que la mayoría de los análisis y decisiones cognitivos y éticos de los participantes se encuentren en los dos primeros niveles.   

 

En segundo lugar, se requiere poner en marcha las cuatro estrategias de socialización adulta propuestas por los investigadores antes mencionados, diseñadas para estimular el pensamiento integral, independiente y crítico de los participantes, que conduzcan a la adquisición de un nivel postconvencional de cultura ambiental.  Algunas de estas estrategias forman ya parte de la  educación ambiental que se viene implementando en nuestro contexto sociocultural aunque de manera aislada..

 

Estrategia 1:  Transmisión de información sobre el medio ambiente

 

En este caso convendría catalogar la información existente sobre el medio ambiente en las cuatro categorías de manifestaciones culturales señaladas al inicio de esta ponencia, es decir, rituales, símbolos materiales, lenguaje y relatos de casos. Esto se haría con el fin de equilibrar la distribución de la información entre las cuatro manifestaciones y no sobrecargar o descuidar tal vez algunas de ellas. De esta manera, estaríamos avanzando paralelamente en las cuatro formas de manifestación concreta de la nueva cultura ambiental. 

 

Estrategia 2:   Creación de situaciones de toma de decisión que impliquen

   elegir entre los valores tradicionales y el nuevo valor del

   medio ambiente.

 

En este caso, se asume que las experiencias no conflictivas son incompatibles con el desarrollo cognoscitivo y moral.  Por lo tanto, los participantes deben enfrentar situaciones vivenciales o simuladas de toma de decisiones frente a dos valores incompatibles entre sí, como lo sería el elegir entre una conducta tradicional ante el medio ambiente y una conducta proambiental. 

 

Estrategia 3:   Propiciar contextos de participación que estimulen la

    empatía, la reciprocidad y la cooperación. 

 

Esta estrategia asume que es importante para un desarrollo postconvencional en el tema ambiental el apreciar, compartir y vivenciar las ideas, sentimientos y conductas de otros para lograr una identidad cultural, en este caso, relacionada con el medio ambiente.

 

Estrategia 4:   Demostrar la interdependencia del medio ambiente con

    diversos contextos.

 

Esta estrategia consiste en demostrar que la cultura ambiental no está restringida a un solo ámbito, el del medio ambiente sino que se relaciona con diversos contextos sociales, como los indicados al inicio de esta ponencia, es decir,  contextos educacionales, económicos, religiosos, artísticos, y políticos. 

 

 

Con estas cuatro estrategias, concluyo esta presentación, deseando que lo expuesto haya servido para ampliar el panorama de lo que significa una Educación Ambiental sostenible para los niveles secundaria y superior.   Espero  también haber contribuído a complementar las acciones que cada uno de ustedes viene haciendo de manera particular.

 

 

Bibliografía

 

·        Allport, G.W., et.al., Study of Values, Boston, Houghton, Mifflin, 1951.

 

·        Kasuga, Linda, art. “Cambio o Continuidad: Esfuerzo colectivo y cultura de excelencia” en Revista Calidad y Excelencia, Lima, Perú, Año 2, No. 10.

 

·        Robbins, S.P., Comportamiento Organizacional, Méjico, Prentice-Hall Hispanoamérica, 1997.

 

·        Tapp, J.L. y E.J. Levine,  Ley, justicia y lo individual en sociedad, 1977. 

 

·        Yamazaki, Chishoh,  art. “Cultura escrita y cultura viviente, en Revista Calidad y Excelencia, Lima, Perú, Año 2, No. 10.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Docente de la Universidad de Lima.  Consultora en Cultura y Cambio Organizacional.   E-mail: starazona@correo.ulima.edu.pe