Un enfoque psicológico sobre el Fenómeno del Niño

 

Lic. Silvia Tarazona Infante

·         Introducción

A raíz de la profunda preocupación que ha dejado en todos nosotros  el Fenómeno del Niño y con motivo de la Mesa Redonda organizada por la Oficina de Formación Universitaria de la Universidad del Pacífico sobre el tema, quise explorar en los reportes de la literatura psicológica lo que pudiera haberse difundido a nivel de resultados de investigaciones científicas respecto a los desastres naturales, específicamente el fenómeno de las inundaciones.

Lo hallado nos sugiere que, complementariamente a los enfoques sociales y económicos de reconocida relevancia inmediata, existe todo un campo de impacto en la vida personal y familiar de los protagonistas del desastre que ameritan también atención, y sobre el cual existe ya abundante información científica que debería ser utilizada, tanto a nivel de prevención como a nivel de intervención durante la crisis, así como también en el manejo del estrés post-traumático.  

·         Perspectiva psicológica sobre los desastres naturales

Desde la perspectiva psicológica, el desastre natural constituye una divergencia radical del patrón normal de expectativas que tenemos sobre el entorno físico y social en que vivimos y que, al ser alterado drásticamente, produce en nosotros diversas reacciones emocionales  que han dado origen a una clasificación por fases de este fenómeno, siempre desde la perspectiva psicológica.

1.  Fase de pre-impacto psicológico ó advertencia de la inminente presencia del fenómeno.-  Las reacciones emocionales no son evidentes debido a que no se percibe la gravedad del hecho, ya sea por falta de experiencia con fenómenos similares o porque las personas que han pasado por la experiencia suelen imaginar un cierto grado de control de la situación.  Por esto, se tiende a minimizar la importancia de las medidas de prevención o de preparación para enfrentar el fenómeno. 

2.  Fase de impacto psicológico.-  Se observa un shock emocional agudo, con adormecimiento corporal y sentimientos de desamparo y abatimiento, que son  tan comunes en estos casos que es difícil saber si realmente representan desajustes psicológicos en la persona, como suelen ser vistos, o si son mas bien una forma de adaptación normal y comprensible ante la situación.

3.  Fase de post-impacto psicológico.-  Las reacciones emocionales constituyen un síndrome de estrés post-traumático que comprende un temor generalizado, una actitud pesimista, expresiones de cólera, insomnio, sentimientos de culpa, y conductas de deambulamiento, apatía, y aislamiento social. En un 25% de la población afectada, el síndrome llegará a durar hasta 14 años después del desastre, dependiendo la recuperación psicológica de los sobrevivientes de la severidad de la experiencia vivida y de la capacidad de adaptación psicológica de cada persona.

·         Medidas de prevención psicológica

1. Uso de técnicas comunicacionales, dirigidas a mobilizar la percepción de la población sobre la presencia inminente del fenómeno y a vencer sus resistencias para involucrarse en programas de prevención y entrenamiento. Se deberá prestar especial atención a hacer el riesgo creíble, ya que éste suele subestimarse por varias razones:  por tratarse de una situación nueva, porque pensamos que los riesgos existen para los demás y no para nosotros, porque nos sentimos capaces de controlar cualquier situación que se nos presente, porque percibimos mejor los riesgos a corto plazo que los de largo plazo y, sobretodo,  porque creemos que con informarnos es suficiente cuando lo que en realidad requerimos es entrenarnos en conductas tanto de prevención como de defensa.

2.               Creación de programas de “Intervención en Crisis”, a implementarse en la fase de impacto psicológico, dirigidos a moderar los efectos post-traumáticos del desastre.  Permiten a las personas expresar y comunicar la experiencia vivida tan pronto estén en condiciones de hacerlo, recibir una adecuada consejería frente a su pena y, de ser necesario, una  derivación oportuna hacia terapias psicológicas formales.

4.  Creación de programas de "Apoyo Post-traumático", dirigidos  a restablecer el sentimiento de control sobre la propia vida.  Deberán diseñarse considerando el grado de exposición de la persona al fenómeno, su grado de vulnerabilidad ante las situaciones críticas en general, y los recursos psicológicos y sociales con los que cuenta.

·         Manejo diferencial de los efectos del fenómeno según edades

Cada edad tiene una perspectiva de interpretación del fenómeno, no comparable con otras, lo cual amerita  diagnósticos diferenciales: 

1. Niños y adolescentes.- El diagnóstico debe hacerse en base al reporte directo de éstos y no a través del reporte de sus padres, quienes usualmente confunden sus emociones con las de sus hijos. 

2. Adultos.- Su recuperación depende más de su estilo de adaptación a las situaciones de crisis, que de la edad o el sexo de la persona.

3. Personas de la tercera edad.-  Suelen tener una expectativa de ayuda más allá de la que se les puede brindar.  Si sus pérdidas son mayormente de tipo personal, los efectos se pueden prolongar hasta un año después del desastre.  Cuando la comunidad en la que vivían ha sufrido un alto nivel de destrucción, los efectos se prolongarán hasta dos años después del desastre, y si sus pérdidas abarcan ambos aspectos, los efectos no durarán menos de dos años.

4.   Ambiente familiar.- Se suele dar un grado creciente de conflicto e irritabilidad entre sus miembros y una tendencia al aislamiento hasta meses después de ocurrido el desastre.  Asimismo, un aumento en la sobreprotección materna.

La Situación Peruana:  El Fenómeno del Niño

En general, las reacciones emocionales observadas en la población afectada corresponden a las fases descritas en la literatura psicológica.  En la fase de pre-impacto, el riesgo fue minimizado por la familiaridad con una experiencia previa, que hizo anticipar un cierto grado de control sobre la situación.    La relativa repercusión que tuvo la labor informativa para efectos de prevención confirmó el principio de que solo la información no es suficiente para la preparación de la gente ante la inminencia del fenómeno, y que debe ponerse mayor énfasis en el entrenamiento en conductas vía simulaciones de evacuación, rescate y acciones similares.

Durante la fase de impacto psicológico, se vivió un estado de shock y de conductas de repliegue que no duraron mucho ya que, por el tipo de desastre, muy pronto se inició una conducta activa de búsqueda de familiares y de rescate de pertenencias. Las acciones de “intervención en crisis” fueron limitadas, debido a la poca presencia de profesionales en salud mental en las áreas afectadas, a excepción de los participantes en el Servicio Urbano Marginal (SERUM). 

No hay reportes de efectos post-traumáticos evidentes, por la naturaleza reciente del fenómeno.    Tampoco se tienen reportes sobre los efectos diferenciales del fenómeno según edades o grupos sociales.  

·         Las víctimas ocultas del desastre

Un grupo afectado por los desastres naturales que suele pasar desapercibido es el de los  socorristas.  En este grupo están comprendidos los policías, los bomberos y el personal voluntario de socorro.   Los efectos psicológicos en ellos provienen de su exposición a los cadáveres y cuerpos mutilados, y al manejo de los cuerpos para su identificación.  Algunos desisten durante el curso de preparación, por el alto riesgo que perciben para su labor.   Otros tienen que ser relevados con frecuencia para no afectarse emocionalmente con lo vivido.  Aún así, no olvidan fácilmente la experiencia y la recuerdan como si fuera ayer.

Afortunadamente, existe un reconocimiento de la necesidad de brindarles una adecuada preparación anímica para realizar su labor de socorro.  Esta comienza por un diagnóstico anticipado de su capacidad para tolerar la experiencia traumática, orientándose la intervención psicológica preventiva  a reducir la probabilidad de que se impliquen emocionalmente con las personas afectadas.   Durante su acción de socorro, participan en dinámicas de grupo frecuentes luego de su labor, para compartir experiencias y ventilar los conflictos emocionales y de cualquier otra índole que surjan en el proceso.

A nivel psicológico, se viene implementando una labor de  selección especializada de este personal voluntario de socorro, a fin de evaluar quienes podrían  ser vulnerables a los efectos post-traumáticos del desastre y así proteger su salud mental. 

·         Principios del comportamiento que pueden reforzar las medidas de prevención e intervención en caso de desastres naturales.  

1.Las investigaciones apoyan la  hipótesis de la inoculación, que enfatiza las ventajas de estar familiarizado con el fenómeno, vía información, experiencia previa o entrenamiento en acciones de simulación, para aminorar los efectos post-traumáticos de una nueva ocurrencia.

2.   Se ha hallado que el “Método de seguir a un líder”, en que una persona hace que solo uno o muy pocos evacuados lo sigan hacia la salida sin usar gestos ni voz alta, es más efectivo que el “Método de seguir instrucciones” en el que el líder guía a un grupo grande de evacuados hacia la salida marcando pautas.  Esto se debe al poder de convocatoria que tiene el pequeño grupo emergente, el cual genera una corriente colectiva que atrae a otros evacuados. 

3.   La efectividad de cualquier método basado en pequeños grupos aumenta cuando la proporción líder-evacuados es pequeña (l:4) y disminuye cuando es amplia (l:8).   Por esta razón, los pequeños grupos pueden servir de palanca para movilizar a una amplia colectividad en casos de emergencia, así como para activar una organización formal grande. 

4.   Los principios del comportamiento colectivo señalan que cuando no existen instituciones que lleven a cabo una acción social necesaria, surgen movimientos sociales espontáneos  en forma de organizaciones de socorro.  Estos movimientos sociales se formalizan cuando se da la presencia simultánea de cuatro factores:  territorio delimitado, objetivos claros, recursos disponibles, actividades correspondientes.