Importancia de las Exploraciones Neurofuncionales Preventivas

  • Por: Dr. Jorge Ferré Veciana

    Jordifer@carrie.net

  • Un niño es una unidad indivisible, aunque tenga una forma de expresión física, representada por el cuerpo, una emocional y otra mental. Y el pleno conocimiento de esta unidad implica desarrollar una concepción interdisciplinar.

    Cualquier proceso normal y patológico puede estudiarse desde todas estas vertientes. Las distintas áreas de la ciencia son como ventanas diferentes que nos permiten asomarnos al mismo paisaje, a la misma realidad.

    La segunda mitad de este siglo ha cambiado mucho la forma de ser niño y la educación. Los niños deben llegar mucho más lejos y eso exige acompañar y potenciar su desarrollo neuro-senso-motriz en el ámbito físico, emocional y mental minuciosamente para no limitar sus posibilidades.

    Por este motivo, la prevención y el tratamiento funcional de los problemas madurativos son cada día áreas más importantes.

    Tenemos que aprender a desarrollar muy bien al bebé durante los dos primeros años de vida. Merece especial atención el desarrollo de los mecanismos de control, de coordinación y de automatización de los movimientos porque sus disfunciones alteran severamente la integración del esquema corporal y la orientación en el espacio. No basta con etiquetar a un niño de torpe.

    Debemos desarrollar muy bien los ritmos y la capacidad de atención.

    No podemos pasar por alto la importancia que tiene conseguir que a los cinco o seis años el niño se construya como un buen diestro o un buen zurdo.

    Es necesario saber que, la mayor parte de problemas de fracaso escolar, tienen una causa concreta que dificulta el aprendizaje y no podemos limitarnos a calificar negativamente al niño, a hacer que repita una y mil veces aquello que es incapaz de entender o de hacer o a pensar que, si repite curso, todos sus problemas se resolverán.

    Las dificultades de aprendizaje no pueden ni deben resolverse presionando al niño para que estudie mucho, para que haga más deberes o para que dedique dos o tres horas en casa a insistir en los conceptos que ha trabajado en la escuela y que no ha podido integrar.

    Todos los problemas de desarrollo y de aprendizaje no son porque sí, todos tiene una causa concreta. Tenemos que detectar la causa, discriminar los mecanismos del problema que interfiere su desarrollo, diagnosticar y tratar adecuadamente con un programa personal de terapia neurofuncional.

    Cuando un niño tiene problemas de lectura, lo primero que debemos hacer es comprobar que los mecanismos cerebrales relacionados con la integración de las imágenes que penetran por los ojos están bien organizados. Así mismo, debemos comprobar cómo discrimina los estímulos auditivos, de lo contrario, corremos el riesgo de insistir en que lea cada día mucho, sin que el niño esté preparado para hacerlo, propiciando el desorden, la angustia y el aborrecimiento.

    Ante un problema de escritura, una grafía desorganizada y mala letra y problemas de ortografía no tenemos que limitarnos a hacer que rellene muchas páginas de caligrafía cada día o a repasar una y otra vez las reglas ortográficas. Tenemos que revisar cómo ha desarrollado el control viso-manual, cuál es el nivel de maduración de su esquema corporal, si ha integrado o no todos los ejes de la simetría ortogonal de nuestro cuerpo y del espacio que nos rodea, imprescindibles para concebir la horizontalidad de las líneas y el paralelismo, y comprobar si existe una causa motriz relacionada con la construcción de todos los movimientos básicos que un niño debe desarrollar antes de aprender a mover el lápiz con su mano.

    Cuando el niño presenta un problema de atención, no hay que actuar con medicaciones sintomáticas, con riñas o castigos. Debemos comprobar cómo funcionan todos los mecanismos neuro-senso-psicomotrices relacionados con esta función del cerebro porque, en la mayor parte de los casos, encontraremos alteraciones del ritmo, trastornos sensoriales, inmadurez de los procesos de codificación o desequilibrios de la esfera afectiva que provocan un bloqueo funcional.

    Resulta imposible mencionar en este artículo todos los trastornos infantiles que pueden tener una causa funcional. Así que nos limitamos a las mencionadas porque pueden ser las más significativas del niño que se encuentra en edad escolar y, por tanto, el colectivo de profesionales que puede leer este artículo.

    Muchas veces nos preguntan: "¿a qué edad sería conveniente hacer una revisión a un niño que no tiene ningún problema?".

    Hay tres estadios de la vida del niño que son especialmente importantes de cara a la prevención.

    El primero es el período neonatal, los primeros días de vida.

    Al nacer, después de nueve meses de gestación, el bebé tiene que haber alcanzado ya un nivel de desarrollo neurológico suficiente como para poder adaptarse al medio extrauterino. Después del parto, el bebé tiene que empezar a resolver los problemas vitales por sí mismo, tiene que ser capaz de organizar unos ritmos de sueño y de vigilia armónicos y necesita ser capaz de adaptar las posiciones de su cuerpo a la presión de la gravedad terrestre.

    Es un buen momento para realizar una exploración preventiva que nos permite:

    1. Detectar si el parto ha dejado secuelas de mala colocación de los huesos del cráneo y poder aconsejar la colaboración de un osteópata.
    2. Comprobar si el nivel de madurez sensorial y rítmico es correcto y si está preparado para hacer frente a la nueva forma de vida. Los padres necesitan algunas orientaciones sobre cómo tratarle.
    3. Valorar su nivel de sensibilidad, a qué modelo de reacción cerebral responde para adecuar la estimulación a sus necesidades y a sus capacidades de integración. El objetivo es evitar el exceso de estimulación al que muchos bebés están sometidos hoy en día.
    4. Hacer una valoración de su diseño corporal para determinar cuál es la mejor colocación cuando duerme o cuando está despierto. Es el mejor momento para detectar asimetrías o diferencias entre un lado y el otro del cuerpo y empezar a resolverlas con pequeños masajes o técnicas de estimulación y de colocación postural. Las asimetrías son muy frecuentes, a veces son debidas a la posición del bebé dentro del útero, otras a la herencia familiar. Sea cual sea la causa, cuanto antes se resuelvan mejor porque, de lo contrario, las pequeñas diferencias de colocación de brazos o de piernas pueden llegar a alterar mucho el desarrollo de su psicomotricidad.
    5. Mediante esta primera exploración diseñamos el mejor esquema de desarrollo desde el punto de vista psicomotor y neurológico, les explicamos las cosas que van a suceder y la mejor manera de acompañar el desarrollo durante el primer año de vida. El objetivo es conseguir:
    1. Que los niños aprendan a voltear por sí mismos.
    2. No sentarlos demasiado pronto.
    3. Que aprendan a arrastrarse y a gatear antes de andar.
    1. El fin primordial es personalizar al máximo la educación del primer año de vida y evitar los frecuentes problemas de psicomotricidad, de mala colocación de espalda, de pies o de piernas. También conseguimos evitar problemas de irritabilidad y alteraciones de ritmos, principalmente los ritmos de alimentación y de sueño.

    Otro momento especialmente importante es el de los dos años. A esta edad el niño ha desarrollado mucho su movimiento y el control de su cuerpo. Se ha convertido en un ser capaz de mantenerse perfectamente sobre las dos piernas y permanecer erguido con un buen equilibrio entre la flexión y la extensión de su cuerpo. Es una buena edad para determinar:

    1. El nivel de control corporal que ha alcanzado y el nivel de organización de los reflejos de caída.
    2. El grado de organización del movimiento. Debe empezar a ser capaz de coordinar bien el brazo derecho con la pierna izquierda y viceversa al andar. Esta coordinación es fundamental para empezar a saltar, correr y pedalear y para que la organización del lenguaje sea suficientemente rica.
    3. El grado de binocularidad. A esta edad debe ser capaz de construir una sola imagen que procede de dos ojos. Esta capacidad de unificar la función de las dos vías visuales es la base para poder medir bien el espacio y orientarse.
    4. El nivel de organización de sus ritmos y la capacidad de control de su cuerpo y de su conducta. Faltan todavía unos meses para llegar a la conciencia de que es un ser diferenciado de su entorno. Pronto tendrá plena conciencia de muchos fenómenos que, hasta ese momento, ha captado y percibido, pero sin darse cuenta de que lo hacía.
    5. Asegurar un buen desarrollo neurosensopsicomotriz será fundamental para enfrentarse a la conciencia de sí mismo con mayor seguridad. No debemos olvidar que, en el proceso de desarrollo, lo físico, lo emocional y lo mental están íntimamente ligados. Por este motivo, vale la pena vigilar de forma especial el desarrollo del sustrato corporal y motriz.

    Y, por último, otra etapa muy importante para proceder a una revisión preventiva es la de los cinco años. Antes de entrar de lleno en el aprendizaje de la lectura y la escritura es muy importante asegurar, entre otros factores:

    1. Que ha conseguido hacer funcionar como una unidad las dos manos, los pies, los ojos, los dos hemisferios cerebrales, las dos vías auditivas, etc. Debe unificar la función de estas estructuras e integrarlas en un esquema corporal que será el referencial para orientarse en el espacio y en el tiempo.
    2. Debe haber alcanzado un buen nivel de desarrollo del lenguaje hablado, para lo cual es imprescindible la interacción entre los dos lados del Sistema Nervioso.
    3. Y debe empezar a manifestar una dominancia lateral diestra o zurda, que habrá que ayudarle a construir para que pueda orientar formas en el espacio plano antes de entrar a fondo en el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo (ver el artículo del mes de diciembre del 98).

    Estas exploraciones funcionales permiten detectar de forma precoz muchos problemas que, más adelante, si no se resuelven, contribuyen a engrosar el capítulo de los niños inteligentes que padecen problemas de bajos rendimientos y de fracaso escolar, con todas las consecuencias que ello comporta en el campo del desarrollo personal y afectivo.

    Evolucionar es avanzar, ampliar nuestros campos de conciencia y saber un poco más del niño cuyo desarrollo hemos de conducir y potenciar día a día.

     

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    La Prevención de la Dislexia

  • Por: Dr. Jorge Ferré Veciana

    Jordifer@carrie.net

  • Vamos a dedicar la página de este mes a uno de los temas que más preocupa a los educadores de niños en edad escolar: la dislexia.

    Nuestro equipo lleva más de veinte años tratando problemas de dislexia y hemos llegado a las conclusiones que seguidamente exponemos.

    En sentido literal, deberíamos hablar de dislexia cuando nos encontramos con un niño que tiene trastornos de lectura. En la vida cotidiana, es un término que se ha aplicado a niños que presentan problemas de lectura, de escritura e incluso de habla. En algunos ámbitos, se aplica sólo a los niños que cometen inversiones gráficas: escriben números al revés, leen alterando el orden de las letras o de las palabras, etc.

    Pensamos que la dislexia no es un trastorno único, sino un conjunto de síntomas que aparecen como consecuencia de un trastorno de la ordenación que el cerebro hace de la información que llega por escrito. Este conjunto de síntomas puede deberse a muchas causas. De ellas, destacaremos como más importantes y frecuentes la dislexia de causa visual, la de causa cerebral y la de origen auditivo, aunque hay otras muchas causas, como por ejemplo las alteraciones emocionales.

    Pensamos que este tipo de dislexia no es un trastorno hereditario. Lo que sí puede ser hereditario, en algunos casos, es la causa que provocó la dislexia en los progenitores, como es el caso de una miopía grave que altere la construcción de una lateralidad visual.

    Podemos detectar signos precoces de dislexia desde el período preescolar, alrededor de los cuatro o cinco años. A esas edades, los signos más destacados son:

     

    En todos estos casos, hay que actuar pronto, antes de que avancen los cursos y entre de lleno en el aprendizaje de la lectura (6 ó 7 años) porque sólo podemos hablar de prevención si actuamos durante la etapa preescolar.

    Los educadores que observen este tipo de signos en sus alumnos deben dirigirlos, cuanto antes, a un especialista que les ayude a diagnosticar la causa de estos trastornos y aplicar el tratamiento adecuado.

    Generalmente, el problema puede resolverse aplicando un programa de tratamiento causal individual. Consiste en un conjunto de ejercicios, organizados por etapas, que se aplican en el gabinete de reeducación y, n algunos casos, en casa o en la escuela. Son programas sencillos pero muy eficaces cuando se aplican fielmente y con regularidad.

    En algunos casos, serán ejercicios para desarrollar las habilidades visuales básicas o la lateralidad visual (dominancia diestra o zurda); otros niños necesitarán un tratamiento auditivo que es algo más complejo de aplicar, pero también de gran eficacia.

    En otras ocasiones, habrá que hacer ejercicios para organizar la psicomotricidad, el esquema corporal, la orientación espacial y la lateralidad, que es uno de los aspectos más importantes a tratar.

    De hecho, bastantes casos de niños que presentan síntomas de dislexia son niños diestros que utilizan el ojo izquierdo por algún tipo de problema; niños zurdos contrariados que no han desarrollado bien su lateralidad zurda; niños zurdos que trabajan con el ojo derecho; niños diestros que escuchan y procesan en lenguaje por el oído izquierdo.

    En caso de dudas, recuerden que pueden formularnos sus consultas.

    En estas fechas que invitan a la reflexión y a los nuevos propósitos, queremos aprovechar la ocasión que nos brinda este artículo para, desde esta pequeña ventana de comunicación, desearles que este año 1999 lo dediquemos a seguir viviendo intensamente y con ilusión la difícil y apasionante aventura de la educación y el desarrollo de los niños.

     

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    Requisitos Funcionales Básicos para el Aprendizaje

    de la Lectura y la Escritura.

  • Por: Dr. Jorge Ferré Veciana

    Jordifer@carrie.net

  • Siempre hemos defendido la idea de que, en el proceso de desarrollo infantil, lo importante es aprender a hacer las cosas bien, aunque sea un poco más tarde (sentarse, andar, hablar, controlar los esfínteres, leer, escribir). Por este motivo, siempre damos más valor al nivel de desarrollo alcanzado que a la edad.

    Ahora bien, determinar el nivel de maduración de un niño para una determinada respuesta no es muy fácil. Por este motivo, vamos a dedicar esta página a dar unas pautas para determinar si un niño ha alcanzado los requisitos neurofuncionales necesarios para empezar el período de Educación Primaria y entrar de lleno en el aprendizaje de la decodificación alfanumérica.

    El primer error que se comete es no considerar las diferencias de nivel que existen entre los niños nacidos el último trimestre del año y el resto del grupo. En estos casos, es especialmente importante valorar si han tenido tiempo para poder alcanzar las cotas de desarrollo que definimos seguidamente.

    Vayamos a los requisitos. Las capacidades que el niño o la niña deben haber desarrollado las agruparemos según los apartados fundamentales:

     

    Desde el punto de vista PSICOMOTRIZ han de ser capaces de:

    1. Coordinar el movimiento siguiendo un patrón o esquema de organización contralateral (coordinar la pierna derecha con el brazo izquierdo y viceversa).
    2. Subir y bajar escaleras con soltura.
    3. Andar, correr y saltar altura y longitud sin dar traspiés y con seguridad, zigzaguear y esquivar obstáculos corriendo.
    4. Botar una pelota y correr impulsándola con los pies.
    5. Algunos son capaces de mantener el equilibrio de la bicicleta.

     

    Respecto al DESARROLLO DE LA LATERALIDAD, antes de empezar primero debemos saber:

    1. Si se trata de un diestro o un zurdo (debemos valorar la mano, la pierna y el ojo dominante).
    2. Si no lo tenemos claro o se trata de un niño que no se ha definido, es un poco arriesgado. En este caso no debemos hacerlo diestro por definición sino que debemos saber qué ocurre y ayudarle adecuadamente. Es necesario hacer diagnóstico funcional y, en algunos casos, aplicar un programa de terapia para resolver la falta de definición lateral.
    3. Tenemos que evitar que inicie la primaria con una lateralidad cruzada (mano derecha y ojo izquierdo o viceversa) porque eso le puede complicar mucho el aprendizaje.
    4. Si el niño hace letras y números al revés debemos descubrir la causa y resolverla antes de que el problema se complique.

    La FUNCION VISUAL es muy importante, ya que van a adentrarse de lleno en el campo de la lectura. Por lo tanto, es fundamental comprobar:

    1. Que mueva bien los ojos.
    2. Que perciba bien las tres dimensiones del espacio y las formas.
    3. Un buen dominio de la visión central y la periférica.
    4. Que posee una clara la dominancia visual (si es diestro, debe dominar el ojo derecho y, si es zurdo, debe dominar el ojo izquierdo). La dominancia debe ser tanto motriz como sensorial y, esta última, que es la más importante para la lectura, se explora muy pocas veces.
    5. Si las posturas al escribir son extrañas, muchas veces, son la manifestación de problemas de función visual.
    6. Respecto a la ATENCION AUDITIVA, es de suma importancia:
    7. Ser capaz de escuchar.
    8. Seguir con atención un relato o una explicación.
    9. Debe poder percibir ritmos y mensajes con nitidez.
    10. Tiene que centrarse mínimamente en una actividad sin dispersarse al más mínimo ruido.
    11. Tiene que poder percibir todas las diferencias de los matices del lenguaje humano ya que muchos sistemas de aprendizaje lectoescritor se basarán en la representación gráfica de los fonemas.

     

    Es muy importante que haya desarrollado bien el LENGUAJE Y LA EXPRESION ORAL durante el período preescolar ya que entrará de lleno en el campo de la escritura y, si no habla bien, le costará mucho más escribir bien. El niño de este nivel necesita:

    1. Poseer una capacidad fonética completa.
    2. Tener capacidad para seguir una conversación con un orden.
    3. Ha de ser capaz de explicar una situación que ha vivido respetando un orden espacial y temporal.

     

    Respecto al ESPACIO y el ESQUEMA CORPORAL:

    1. Tiene que conocer muy bien la anatomía de su cuerpo y localizar y orientar las partes del cuerpo entre sí.
    2. Los conceptos de arriba y abajo, delante y detrás deben ser muy claros. Los de derecha e izquierda debe empezar a conocerlos aunque cometa algunas veces ligeros fallos. Es importante que el reconocimiento de la derecha y la izquierda se base en la vivencia corporal interna, sin necesidad de utilizar referentes espaciales externos.
    3. Tiene que entender y manejar el significado de palabras como dentro, fuera, alrededor, delante de, detrás de, arriba, abajo, derecha, izquierda, etc.

     

    Con relación al TIEMPO, también debe poder orientarse mínimamente pero con claridad. Es decir:

    1. Tiene que manejar bien los tiempos inmediatos de los verbos y poder organizar lo que ocurrió ayer, lo que ocurre hoy y lo que proyecta mañana.
    2. Debe poder orientar y ordenar el tiempo correspondiente a un día y construir historias con secuencias de dibujos bien ordenadas de izquierda a derecha.
    3. Debe conocer el significado de conceptos como antes y después, primero, segundo...

     

    Respecto a la PERCEPCION tiene que ser capaz de discriminar sabores, olores, imágenes, sonidos y tactos hasta el punto de:

    1. Asociar correctamente el significado de palabras como dulce, salado, ácido, amargo, pesado, ligero, liso, rugoso.
    2. Tiene que poder discriminar tamaños grande, mediano, pequeño, e intermedios (clasificar cinco o seis cosas por el tamaño, de menor a mayor o viceversa).
    3. Debe conocer los colores con matices y conocer muchos conceptos derivados de la agrupación de elementos (prematemáticas), tales como uno, ninguno, muchos, pocos, más que, menos que... uno (y primero), dos (y segundo), tres (y tercero)... así hasta llegar a ocho o nueve elementos.

     

    No podemos olvidar el capítulo importante de la AUTONOMÍA personal:

    1. Tiene que ser capaz de ordenar sus juegos y materiales de su habitación, mantener la quietud y la atención sentado.
    2. Jugar sólo y organizar mínimamente un juego cuando está con algún amigo o amiga.
    3. Vestirse y desnudarse, aunque pida ayuda para cosas muy complejas (lazo del cordón de los zapatos).
    4. También tiene que ser capaz de colaborar poniendo la mesa. ordenando ropa.

     

    El aprendizaje se basa en la construcción progresiva de automatismo por lo que la madurez del RITMO Y EL AUTOCONTROL tiene un papel muy importante en la evolución futura:

    1. Debe ser capaz de seguir un ritmo con su cuerpo a modo de danza.
    2. Ha de ser capaz de seguir secuencias rítmicas con el movimiento, con elementos perceptivos (secuencias gráficas), con la voz, con la grafía de cenefas y bucles.
    3. Debe poseer capacidad de ajustarse a una organización de funcionamiento (unos horarios, unas costumbres...).
    4. Percibir y cantar siguiendo un ritmo.
    5. Detenerse a una orden dada, ajustarse a unas reglas de juego y respetarías aunque por este motivo pierda.

     

    Respecto a la capacidad de CONTROL MANUAL tiene que haber desarrollado una dominancia manual clara (mano derecha o mano izquierda):

    1. Sus manos deben ser hábiles al manejar plastifica, tijeras, cubiertos... aunque sea inexperto.
    2. Debe ser capaz de coordinar las dos manos con precisión y, por ejemplo, servir agua con una botella poco pesada.
    3. Sus manos deben ser capaces de frotar, escurrir, hilvanar, moldear, palmear, manejar un cepillo (dientes), manejar un martillo ligero, etc., aunque sea de forma incompleta.
    4. Y, por supuesto, debe ser capaz de pinzar correctamente el lápiz con su mano dominante.

     

    Finalmente, es muy importante considerar la ACTITUD PSICOLOGICA que envuelve la relación del niño con la escuela. Aunque cada niño es un universo de sensaciones, de formas de reacción... podemos hablar de unos requisitos imprescindibles orientativos. Entre ellos destacamos.

    1. La capacidad para jugar en grupo, para guardar un turno de participación, para comunicarse con un conocido.
    2. Es muy importante que vaya a gusto a la escuela, que disfrute, que pregunte por sus amigos...
    3. Es importante que el control de esfínteres sea total desde hace ya dos o tres años.
    4. Que sea capaz de esperar un poco cuando tiene sed o cuando tiene hambre. sensaciones que, junto a la de sueño, debería ser capaz de identificar...

    La escuela es un lugar de formación y maduración personal, no sólo de aprendizaje. Es importante, por tanto, no reducir la experiencia escolar al aprendizaje de una serie de contenidos o conceptos.

    Lo importante no es saber hacer una vocal, sumar llevando, restar con decimales o reproducir un texto copiando. Lo importante es conseguir que el cerebro funcione como una auténtica red que maneja la información sobre la base de relacionar todo lo que aprendemos con lo que ya conocemos. Lo importante es que el niño entiende qué hace y porqué lo hace. De lo contrario, de nada sirve aprobar un examen, conseguir un suficiente o leer en un cuaderno de calificaciones: "progresa adecuadamente".

    Y no tenemos que olvidar que el que escribe, lee, interrelaciona, entiende e integra es el cerebro y que necesita un determinado nivel de organización para poder hacerlo.

    Al iniciar la primaria es como si empezáramos a plantar el gran árbol de la ciencia, de las letras, de la cultura y de la formación personal. Estamos a tiempo de conseguir que este gran árbol, que cada día tiene una copa más pesada, no se tuerza.

    Al educar hemos de soñar y proyectar. Tenemos que imaginarnos a esos pequeños dentro de 10 ó 15 años porque sólo así les trasmitiremos la energía motivacional que se necesita para avanzar con ilusión en su proceso de aprendizaje. La escuela tienen que disfrutarla. Mal empieza el que se dedica a padecerla.

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