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PRESENTACIÓN                                                                                                         2

 

 

¡NO MÁS!                                                                                                                   3

 

 

HACIA UNA ÉTICA MUNDIAL                                                                                 4

Parlamento de las Religiones del Mundo (1993)

 

 

NO-VIOLENCIA EN EL AMBIENTE DEL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000             7

Padre Julio Enrique Galvis U.

 

 

TRES OBSTÁCULOS Y UNA PROPUESTA                                                                   10

Pastor José Braun N.

 

 

HACIA LA UTOPÍA POSIBLE                                                                                                13

Pastor Harold Segura C.

 

 

PRINCIPIOS ÉTICOS PARA LA NO-VIOLENCIA. PERSPECTIVA JUDÍA              16

Rabino Dr. Gabriel Minkowicz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

 

 

El FORO ECUMÉNICO DE CALI (FE), se complace en presentar este cuadernillo de reflexión en el cual se reúnen las ponencias presentadas por los miembros del Foro en el encuentro “Propuestas Éticas para la No-Violencia”, celebrado en Cali, el 4 de abril de 2000, en el auditorio de la Casa Proartes.

 

El FORO ECUMÉNICO DE CALI (FE) está integrado por el Rabino Dr. Gabriel Minkowicz, el Presbítero Católico Julio Enrique Galvis U., el Pastor Menonita José Braun N. y el Pastor Bautista Harold Segura C.  El FORO defiende la libertad de conciencia; acepta la disparidad de opiniones políticas, litúrgicas y los diferentes acentos teológicos y entiende el ecumenismo “como un diálogo interconfesional e inter-religioso que promueve la convivencia y la comprensión humana y cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida”.

 

El FORO ECUMÉNICO DE CALI (FE), entiende ecumenismo “como la capacidad de diálogo en medio de las diferencias individuales, promoviendo el respeto mutuo”.  Se entiende ecumenismo “desde la perspectiva social que promueve los valores comunes a nuestras creencias: vida, justicia, paz y dignidad de las personas.  Nuestro ecumenismo supera la uniformidad de la fe; partimos de nuestras propias creencias, sin querer por ello aspirar a una única religión mundial.  El ecumenismo que queremos promover es aquel que demuestra capacidad de diálogo y de respeto mutuo. De ese diálogo que tanta falta le hace a Colombia, donde asesinan más de 30.000 personas cada año, víctimas de la violencia intolerante e impositiva, y de la ausencia de diálogo y respeto”.

 

“Ecumenismo es, por lo tanto, capacidad de diálogo en medio de las diferencias; respeto por los demás como personas creadas a la imagen y semejanza de Dios, amantes de la verdad y la justicia”.*

 

 

 

 

 

 

 

 

¡NO MÁS!

 

 

 

El FORO ECUMÉNICO DE CALI, y sus integrantes, el Rabino Dr. Gabriel Minkowicz, el Sacerdote Católico Pbro. Julio Enrique Galvis U., el Pastor Menonita José Braun, y el Pastor Bautista Rev. Harold Segura, declara  NO MÁS a:

 

 

v      La violencia física, sicológica, económica y social, entre semejantes, toda vez que somos creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1: 26; 5: 1).

 

v      Las confrontaciones religiosas que promueven el fanatismo y la violencia.

 

v      Las nuevas teorías económicas que atentan contra la promoción integral del ser humano y limitan su pleno desarrollo. 

 

v      La permanente evasión de las responsabilidades individuales que conducen a la transferencia de culpas a terceras personas y que nos impiden comprender que todos somos parte de las soluciones.

 

v      La práctica hipócrita de la fe, que divorcia las creencias religiosas de las conductas concretas de la vida diaria.

 

v      La aplicación de una justicia selectiva que no refleja la perfecta justicia de Dios (Proverbios 14: 34).

 

v      El desconocimiento irresponsable del lugar de la familia y el matrimonio como generadores de bienestar o de conflicto.

 

v      El ejercicio del poder que desconoce los más nobles ideales democráticos y degenera en arbitrariedad e injusticia (Deuteronomio 16: 20).

 

v      El consumo irresponsable que desconoce el equilibrio de los recursos naturales del planeta.

 

v      La indiferencia que socava los pilares de la convivencia social y que destruye los ideales básicos del respeto solidario (Levítico 19: 18).

 

 

 

 

 

 

DECLARACIÓN DE UNA ÉTICA MUNDIAL

Parlamento de las Religiones del Mundo

INTRODUCCIÓN*

 

 

 

El mundo agoniza.  Agonía tan penetrante y opresiva que nos sentimos movidos a señalar las formas en que se muestra para poner de manifiesto lo hondo de nuestra zozobra.

 

La paz nos da la espalda.  El planeta está siendo destruido.  Los vecinos viven en el temor mutuo.  Hombres y mujeres se distancian entre sí.  Los niños mueren.

 

Todo ello es terrible.

 

Condenamos el mal uso de los ecosistemas de nuestra tierra.

 

Condenamos la miseria, que estrangula las posibilidades de vida; el hambre, que debilita los cuerpos de los seres humanos; las desigualdades económicas, que a tantas familias amenazan con la ruina.

 

Condenamos el desorden social de las naciones; el desprecio de la justicia, que empuja a ciudadanos hacia la marginación; la anarquía, que gana posiciones en nuestras comunidades; y la absurda muerte de niños mediante la violencia.  Condenamos especialmente la agresión y el odio en nombre de la religión.

 

Esta agonía debe cesar.

 

Debe cesar, porque ya existe la base de una ética. Tal ética brinda la posibilidad de un mejor orden individual y global que aleje a los hombres de la desesperación y a las sociedades del caos.

 

Somos mujeres y hombres que siguen los preceptos y las prácticas de las religiones del mundo.

 

Afirmamos que las enseñanzas de las religiones contienen un patrimonio común de valores radicales que constituyen la base de una ética mundial.

 

Afirmamos que esta verdad ya es conocida, pero aún no se vive como debiera de corazón y de obra.

 

Afirmamos que hay una norma irrevocable, imprescindible en todos los ámbitos de la vida, válida para las familias y las comunidades, para las razas, naciones y religiones.  Ya hay criterios ancestrales del comportamiento humano que pueden hallarse en las enseñanzas de las religiones del mundo y que son la condición de un orden mundial duradero.

 

Declaramos:

 

Que todos somos interdependientes. Cada uno de nosotros depende de la salud del conjunto. Por ello respetamos la colectividad de los seres vivientes, hombres, animales y plantas, y nos sentimos preocupados por la conservación de la tierra, del aire, del agua, del suelo.

 

Que como individuos somos responsables de todo lo que realizamos. Todas nuestras decisiones, actuaciones y negligencias tienen consecuencias.

 

Que debemos tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros. Nos comprometemos a respetar la vida y la dignidad humana, la individualidad y la diferencia, de suerte que toda persona sin excepción reciba un trato humano. Hemos de ejercitarnos en la paciencia y en la aceptación. Hemos de ser capaces de perdonar, aprendiendo del pasado, pero sin cede jamás a la memoria del odio. Al  abrir nuestro corazón a los demás debemos enterrar nuestras mezquinas querellas en aras de la comunidad mundial de manera que llevemos a la práctica una cultura de la solidaridad y de  la vinculación mutuas.

 

Consideramos a la Humanidad nuestra familia. Hemos de esforzarnos en ser afables y generosos. No debemos vivir solamente para nosotros mismos sino que, por el contrario, hemos de servir a los demás y no olvidar jamás a los niños, a los ancianos, a los pobres, a los disminuidos, a los exiliados y a quienes se encuentran solos.  Nadie debe ser jamás considerado o tratado como ciudadano de segunda clase. Nadie debe ser sometido a la explotación, de la clase que sea. Entre hombre y mujer debe existir un compañerismo basado en la igualdad. No podemos incurrir en ningún tipo de comportamiento sexual inmoral.

Debemos dejar atrás cualquier forma de dominio o abuso.

 

Nos declaramos comprometidos con la cultura de la no violencia, del respeto, de la justicia y la paz.  Jamás oprimiremos a otro hombre, no le causaremos daño, ni le torturaremos, ni desde luego le causaremos la muerte, y renunciaremos a la violencia como medio  de resolver las diferencias.

 

Nos esforzaremos por conseguir un orden social y económico justo en el que cada cual reciba las mismas oportunidades para desarrollar plenamente sus cualidades humanas. Hemos de expresarnos con fidelidad a la verdad y actuar en consecuencia comprendiendo a los demás, evitando dejarnos arrastrar por prejuicios u odios.  No debemos robar. Hemos de superar cualquier inclinación a buscar ávidamente el poder y el dominio, el prestigio, el dinero y el consumo, en aras de formar un mundo justo y pacífico.

 

La Tierra no puede cambiar a mejor si antes no cambia la mentalidad de los individuos.  Nos comprometemos a dilatar nuestra capacidad de percepción sometiendo a disciplina nuestro espíritu mediante la meditación, la plegaria o la reflexión positiva. Sin riesgo y sin disposición al sacrificio no puede producirse un cambio fundamental en nuestra situación. Por eso nos comprometemos con esta ética mundial, con una mutua comprensión y con aquellas formas de vida que conlleven a un concierto social, la consolidación de la paz y el respeto a la Naturaleza.

 

Invitamos a todos, creyentes o no, a hacer lo mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA NO-VIOLENCIA EN EL AMBIENTE DEL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000

 

Padre Julio Enrique Galvis Pbro.

Arquidiósesis de Cali

 

 

 

E

l Papa Juan Pablo II, ha venido convocando a todos los cristianos de la Iglesia católica para celebrar este año 2.000 como el Año Santo de la redención, del fenómeno histórico  y existencial de Jesucristo. Pero no se trata de un hecho eclesial interno o privado, si no de establecer un diálogo con el mundo entero para que los valores cristianos impregnen al mundo de toda raza y lengua, sin distinción de clases, credos o ideologías, de la necesidad de alcanzar las metas de la paz y de la justicia que tánto estamos necesitando.

 

Con un sano y renovado criterio ecuménico, quiero resaltar lo que en el llamado “Parlamento de las Religiones del Mundo”, ha venido proponiéndose desde hace varios años con la siguiente afirmación que identifica en todo al propósito del Foro Ecuménico de Cali. Esa convicción afirma que: “No es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial”. Trasladado a nuestro alcance provincial, es necesario reconocer entre nosotros que un nuevo orden social sólo es posible, con el establecimiento de una nueva ética social.

 

Y para establecerla, las propuestas y propósitos de este gran Jubileo del año 2.000 nos ofrecen muy oportunos parámetros que, en pos de una propuesta ética para la no- violencia-, dejo a consideración de ustedes a nombre de la Iglesia católica a la cual pertenezco en calidad de Presbítero.

 

Partamos de la cruda realidad que estamos padeciendo en estos momentos tan críticos y dolorosos de nuestra historia colombiana. El país es hoy más pobre, más dependiente, más violento, más injusto y desigual, más excluyente, más corrupto, más violador de los derechos humanos y más antidemocrático.

 

En Colombia se ha instaurado un orden anti-jubilar, un capitalismo sin corazón, sin sentido comunitario; sin redistribución de ingresos, sin soberanía, sin Estado Social. Es un capitalismo voraz, cruel, idolátrico y asesino, un  desorden acentuado en los últimos 10 años de neoliberalismo, ajuste estructural y globalización.

 

Nunca como ahora ha crecido tanto la corrupción, la burocracia clientelista y la impunidad.

 

Nunca como ahora, la naturaleza había recibido tanta agresión y tanto daño por  parte de la acción depredadora de los humanos con el pretexto de progreso y desarrollo. La tierra, el agua, el aire, son destruidos diariamente por efectos de la contaminación y la polución, extendiéndose los cultivos agrotóxicos, la ganadería extensiva y la fumigación indiscriminada.

 

Como un proceso  contra ese des-orden se levanta hoy un movimiento de esperanza y de lucha, desde lo más profundo de la tradición cristiana y bíblica: El Jubileo.

 

Este Jubileo de remonta a los tiempos bíblicos de Israel, como un esfuerzo comunitario para contener y corregir la desigualdad social y las tendencias de insolidaridad y de discriminación.

 

Los Israelitas, después de la salida de Egipto, que significa no historia propia, no tierra de identidad, idolatría y esclavitud, muerte, no vida, la injusticia, la explotación del otro, es, en fin, la no voluntad de Dios. Lo no humano, lo no justo y al ir por el desierto ellos se dieron cuenta de que “Egipto” se lo habían introyectado en el corazón. Que lo habían asimilado tanto, que después de estar libres, se habían vuelto a inventar sus pequeños egipcios, pues esclavizaban a unos, montaban una idolatría adorando becerros, replicando en todo esa estructura de sin sentido, pero que se les había metido en su existencia y que se les había vuelto tan natural, que ya ni la identificaban. 

 

Cuando se dieron cuenta de esto, tuvieron que inventarse una manera social, económica y política de no volver a caer en Egipto, y esa manera fue el año jubilar.

 

El año jubilar fue la manera que los israelitas se inventaron para hacer un alto en su vida y preguntarse: ¿Estamos de nuevo cayendo en Egipto?; ¿Estamos nosotros mismos volviéndonos Egipto?; Por eso paraban cada siete años y revisaban su vida para ver si estaban haciendo lo mismo que con ellos se hacía en Egipto.

 

Ellos se hacían un cuestionamiento sobre, con qué ética vivían su vida, si era la ética de Egipto o era la ética de Yavé, el que los había sacado de Egipto a una tierra nueva y libre.

 

Jesús de Nazareth, asume esta tradición y proclama con sus hechos y palabras un jubileo del corazón, del “Sabat”, como acción característica de toda su misión. Relee la memoria profética de Isaías, como anuncio emancipatorio de esperanza. El Reinado de Dios es instaurado y proclamado como un Jubileo, “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres es anunciado el Evangelio”. (Lc. 7,22 )

 

Hoy, en ésta hora crucial de Colombia, se nos llama a un nuevo Jubileo, como un proceso contra el desorden anti-jubilar. Pues esta tierra con todos sus habitantes, está clamando justicia, es tiempo de hacer nuevas todas las cosas, en donde no haya mas muerte ni mas llanto, ni clamor, ni dolor; en donde se anuncien buenas nuevas a los pobres, a los sufrientes, a los oprimidos y a los excluidos y que se proclame para ellos un tiempo de gracia y de liberación.

 

Que sea el comienzo de una renovación  teológica, espiritual, ecuménica y estructural basada en la solidaridad la compasión y la caridad.

 

Este jubileo cristiano nos exige un mayor compromiso a favor de toda la creación, a favor de la Paz, como un nuevo acuerdo de la convivencia social, cultural y política, sobre la base de la justicia social, el respeto a los derechos humanos, el reconocimiento de la diversidad cultural religiosa y generacional.

 

Este Año Jubilar es una propuesta ética para la no-violencia-, porque se trata de releer la historia y encausar el presente hacia las propuestas de Jesucristo, que están entroncadas con una larga tradición  bíblica. La responsabilidad histórica que debemos asumir es: Cada uno, hacer un alto en el camino, y confrontar su ética con la ética de Jesús, con la ética histórico-bíblica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRES OBSTACULOS Y UNA PROPUESTA

 

Pastor José Braun N.

Comunidad Cristiana Menonita “Vino Nuevo”

 

 

 

“Hasta cuándo, oh Señor, clamaré y no oirás; y daré voces a Ti a causa de la violencia, y no salvarás ?. ¿ Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia ? . Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la  justicia ”.   (Habacuc 1:2-4)  (año 612 a. N.E.)

 

E

sta  no es la lectura de un editorial de la prensa colombiana ni el documento final de un simposio religioso. Es el clamor de un profeta que vivió una crisis parecida a la que vivimos hoy los colombianos. Es el profeta Habacuc, año 600 a. N.E. cuando Israel vivía bajo la aflicción de los Caldeos.

 

Es conocido el viejo chiste que cuenta que Dios dejó en Colombia enormes riquezas naturales y abundante fauna y flora, al ser interrogado por un ángel por qué deja Usted tanta riqueza y bienes a un solo país y el Señor respondiendo: “Espere y verá la clase de personajes que tratarán  de acabar con todo”. Esto puede parecer crudo e irreverente, pero sí anuncia una realidad  que todos sentimos.

 

En este momento cuando el Papa Juan Pablo II visita a Israel, buscando el perdón y la reconciliación, creo de vital importancia la declaración del teólogo Hans Küng : “No puede haber paz entre las naciones, sin paz entre las religiones” (1) y es aquí donde el Foro Ecuménico de Cali ya está haciendo aportes significativos en los diferentes escenarios donde hemos asistido.

 

Según Francis Fukuyama, los países son pobres o ricos por su cultura : El conjunto de valores y reglas que comparte una sociedad que él llama “capital social”. Ni el  Neoliberalismo ni la Social-Democracia, son la solución. Hay que cambiar la cultura. No es con decretos o declaraciones, ni reformando la carta constitucional. El cambio no es de leyes y normas sino de la “idiosincracia” de nuestras gentes y es aquí que los líderes religiosos tenemos la respuesta. Nuestro trabajo debe considerar tres obstáculos antes de una propuesta concreta.

 

1.         PRIMER OBSTACULO :  Crisis de Credibilidad o como la llama Gilberto Arango Londoño, en su artículo: “La reconstrucción de la confianza” (2).

Nuestra sociedad  padece de desconfianza.

Todo se ve desde el cristal paranóico de encontrar un doble discurso en el otro. Bajo estas circunstancias, agrega el Ministro de Educación Germán Bula : “ Es virtualmente imposible avanzar”.

 

 

2.         SEGUNDO OBSTACULO: Crisis de Responsabilidad (3); o  como lo llama Fukuyama  “Paternalismo de Estado” . Se expresa como: “yo no puedo solucionar mis propios problemas, eso es culpa del estado”.

Pensando que los ciudadanos no somos responsables de lo público, entonces cada uno hace lo que le parezca: El ciudadano no vigila al Alcalde y a los padres de familia no les importa que lo se les está enseñando a sus hijos en el colegio y todos reclamamos por qué el Estado no soluciona esto.

 

3.         TERCER OBSTACULO: Crisis de Oportunidad. Todos creemos que el sistema conspira contra el individuo desfavorecido para que este se mantenga abajo y esto genera violencia.

No solamente la pobreza produce violencia.. Hay países muy pobres que no son violentos y otros ricos que sí lo son. Tampoco la desigualdad en el ingreso explica la violencia. Hay países con mayor desigualdad entre ricos y pobres, donde no tienen los índices de violencia y criminalidad nuestra..

      

La propuesta, entonces es el cambio de mentalidad, de idiosincracia o cultura: (valores y reglas).

 

Küng dice (4) ::  “Todas las experiencias históricas demuestran que nuestro mundo no puede cambiar  sin una cambio previo de mentalidad en el individuo y en la opinión pública”.

 

Apelamos a todos los ciudadanos: Nuestra Patria no puede cambiar sin que antes cambie la mentalidad del individuo. Abogamos por un cambio de conciencia individual y colectivo por un despertar de nuestras fuerzas espirituales mediante la reflexión, la oración y el regreso de la espiritualidad, por la “ CONVERSION DEL CORAZON” .

 

¡ Juntos podemos mover montañas !!

Sin riesgos y sacrificios no será posible un cambio fundamental de nuestra actual situación.

 

¡ Propongo ya ! , la verdadera y única revolución.

 

¡ Propongo el regreso definitivo a la Espiritualidad Bíblica !

 

La verdadera Revolución es ¡ Revolucionarse !

 

La reforma personal es la respuesta para la reforma mundial.

 

Invitamos a todos los seres humanos, religiones o no, a  ¡ hacer lo mismo !

 

Bienaventurada la Nación cuyo Dios es el Señor  (Salmo 33:12).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(1)              “Hacia una Etica Mundial”, Hans Küng (Pag. 43)

(2)              “Reconstruir la Sociedad en la Confianza”, Gilberto Arango Londoño.

(3)              “El fin de la História y el Ultimo Hombre”, Francis Fukuyama.

(4)              Hans Küng  (Pag. 36).

 

 

 

 

 

HACIA LA UTOPÍA POSIBLE

 

Pastor Harold Segura C.

Seminario Teológico Bautista Internacional de Cali

 

 

 

 

H

ablar de propuestas éticas para la no violencia es, para nosotros los cristianos evangélicos, hablar de un tema que tiene un profundo significado teológico.  Así es: teológico, antes que humanitario, táctico o político.  Y lo es, por que los cristianos encontramos en la muerte de Jesucristo una clara demostración del amor no violento de Dios hacia sus enemigos y una invitación de ese mismo Dios a que nosotros sus hijos actuemos bajo el  principio del amor y la misericordia. 

 

En la cruz de Cristo y en la naturaleza misma de Dios hayamos los seguidores de Jesús el fundamento de la ética de la no-violencia.  La muerte de Jesús fue, según el Nuevo Testamento, un sacrificio expiatorio a favor de todos nosotros los pecadores.  Ese sacrificio se hizo, entonces, a favor de quienes por su pecado se habían constituido en enemigos de Dios.  El apóstol Pablo lo expresa así: “Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida!” (Ro. 5: 10 NVI).  De esta manera, la cruz llegó a ser la demostración de la misericordia suprema de Dios y el fundamento del mensaje cristiano para que vivamos en el perdón antes que en la venganza, en la misericordia antes que en el juicio, y en la paz antes que en la violencia.  Por eso, como bien lo escribe un reconocido teólogo menonita:

 

 

La no-violencia cristiana no se basa en alguna forma de humanismo, ni siquiera en la idea de que la vida es sagrada, aunque en todo esto haya alguna parte de verdad; se fundamenta en la cruz de Cristo, en la naturaleza misma de Dios.  En lugar de buscar la destrucción de sus enemigos, Dios derrama sus bendiciones sobre ellos, y los auténticos hijos de Dios harán lo mismo[1].

 

 

A ese modelo pacificador de la redención obrada por Dios en Cristo, se agrega la vida y enseñanzas de Jesús como Maestro de paz.  En una de sus más contundentes instrucciones, la que tuvo ocasión en el llamado Sermón del Monte, dijo:  Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”, y agregó más adelante: “Ustedes han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.  Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo” (Mt. 5: 9, 43, 44 NVI). Y para Jesús, el amor al enemigo podía llegar hasta el sufrimiento por él.  Hasta aquí esta presentación general –muy general- de nuestra base teológica.

 

Y esa base, insisto, es necesario tenerla en claro, porque ella es  razón y motivo de nuestras propuestas éticas para la no-violencia.  En la fe cristiana el quehacer siempre es consecuencia del creer: “creo, luego vivo”.   Y somos conscientes que esta lógica resulta fastidiosa  y algo anacrónica en esta época llamada postmoderna, en la que la utilidad, la conveniencia y el pragmatismo son los endebles fundamentos de los comportamientos éticos.

 

Fueron estas convicciones de fe las que orientaron la vida y la obra del profeta negro de la no-violencia, el pastor bautista nacido en Atlanta, Georgia, el 15 de enero de 1929.  Martin Luther King fue un contestatario radical que “encontró en la acción no violenta una forma de lucha que traducía en hechos sus convicciones filosóficas y religiosas”[2].  Gandhi y Jesucristo fueron dos grandes figuras tutelares de su acción: mientras que Gandhi le proveyó un método, Jesucristo le dio el sentido existencial de su acción. Él sabía muy bien, como lo había dicho, que “Cualquier religión que profesa estar preocupada por las almas de los hombres y no está preocupada por los perdidos que los maldicen, las condiciones económicas que los estrangulan y las condiciones sociales que les incapacitan, es una religión seca”.  Luther King había desarrollado está fe en el seno de su hogar, donde su padre, quien también era pastor bautista, le había impartido una instrucción religiosa y espiritual acorde con las grandes verdades del evangelio no violento de Jesús.

 

El pastor King es un ejemplo contemporáneo de la práctica eficaz de la no-violencia activa.  Creyó en la fuerza del amor, en el poder transformador del perdón, en el lugar social de la misericordia, en el reclamo responsable de la dignidad de todos los seres humanos, en la capacidad movilizadora de los sueños de paz, fraternidad y justicia.  No se resignó a responder a la violencia con más violencia, sino que optó por destruir esa espiral de muerte:  “La debilidad más grande de la violencia -decía- es que es una espiral descendiente que engendra lo mismo que busca destruir.  En lugar de disminuir el mal lo multiplica.  A través de la violencia usted asesina al que odia, pero no asesina el odio.  De hecho, la violencia incluso incrementa el odio.  Devolver violencia por violencia multiplica la violencia, añadiendo más oscuridad a una noche ya repleta de estrellas.  La oscuridad no puede echar fuera la oscuridad; sólo la luz  puede hacerlo”.

 

Una pregunta pertinente para el caso particular y crítico de Colombia es si estas nobles causas de la no-violencia son viables en un país donde la espiral de violencia nos ha estrangulado y donde lo absurdo de la guerra pareciera tener la última palabra.  Hemos llegado a la barbarie y los bárbaros reclaman tener la exclusividad de la razón.  Las utopías duermen.  La lógica pragmática de la guerra impone sus argumentos de falsa solución.  ¿Podrá la propuesta no violenta hacer oír su voz con la radicalidad que necesita y ofrecer una verdadera luz de esperanza?, ¿Habrá quien escuche esa voz y no la tome por ingenua, simple y romántica?.

 

La propuesta no violenta, en nuestro contexto particular de guerra brutal generalizada, no es más que la recuperación desesperada de aquello que nos está haciendo falta en Colombia: la Utopía.  La Utopía, que “... es lo que le falta a la ética, a la justicia y a la verdad para enseñorearse del mundo”.  La Utopía, que “... es el rechazo de una realidad alienada y brutal y la posibilidad de construir una realidad nueva”.  La Utopía, que “... no es una mera irrealidad, sino la realidad posible que no hemos tenido todavía la imaginación y el coraje de construir”[3].

 

La no-violencia no sólo es posible; es urgente y necesaria. No es absurda ni inalcanzable.  Si los demás métodos nos fallaron, llega ahora la invitación para iniciar uno nuevo.  “La única forma razonable y con posibilidades de éxito es la no-violencia solidaria y militante a la luz de la revelación bíblica y en la dirección que nos han marcado ejemplarmente Mahatma Gandhi y Martin Luther King”[4].  Fue éste último quien dijo:  “El amor es el poder más durable del mundo... El amor es la fuerza capaz de transformar a un enemigo en amigo”.  Y esa es nuestra propuesta ética para la no-violencia: una invitación al amor solidario.  A ese amor que será capaz de transformarnos en amigos y de reconocernos unos a otros como seres dignos creados a la imagen del mismo Dios. ¡Y esa Utopía es posible!.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

B’’H

 

 

 

PRINCIPIOS ETICOS PARA LA NO- VIOLENCIA

PERSPECTIVA JUDIA

 

 Rabino Dr. Gabriel Minkowicz

Nueva Unión Cultural Israelita

 

 

 

C

uentas e una vez, que en un bote con pasajeros, una persona toma un taladro y comenzó  a perforar un agujero bajo su asiento. Sus amigos protestaron: “¿Qué estas haciendo?” El les dijo “¿Qué les importa?” “¿Acaso no estoy taladrando bajo mi propio asiento?”  Ellos repusieron: “Pero el agua que entra inundará todo el bote”  (Midrash Levítico –Raba 4:6).

 

Cada persona es responsable por su semejante razón por la cual cabe preguntarnos “¿No tenemos, todos el mismo padre (Adán)?” “¿ No nos ha creado el mismo Di-s?” “¿Por qué obra traicioneramente cada hombre contra su hermano…?” (Malaquias 2:10).

 

Un concepto fundamental del judaísmo es la idea de la creación del hombre a imagen de Di-s. Cada individuo ha sido dotado de un alma, una porción de Di-s dentro de si mismo.

 

Matar o hacer daño a un ser humano equivale por lo tanto a acertar un golpe a quien lo creó.

 

De la narrativa de la creación, la ley judía extrae conclusiones básicas con respecto a la santidad de la vida de cada ser humano; así como la igualdad universal de todos los miembros del género humano.

 

Sobre la base del relato de la creación, nuestros Sabios destacaron un aspecto primordial de nuestra relación con los demás: “Un solo individuo fue creado en el universo para enseñar que quien suprime un alma del mundo, se considera como si hubiera suprimido el universo entero: y quien salva un alma se considera como si hubiese salvado el universo” (Mishná Sanhedrín 4:5), razón por la cual el otro es también digno del valor y honor como ser humano.

 

La singularidad o individualidad en cada ser humano es lo que nos hace individuos y esto hace que cada persona tenga una contribución que efectuar, una misión o aporte con la cual contribuir al mejoramiento del mundo “Mejorar el mundo bajo el reino de Di-s”, así pues Ben Azai solía decir: “No despreciéis a  ninguna persona y no consideréis nada como cosa imposible, por que no hay hombre que no llegue a tener su momento propicio, ni cosa que no venga a suceder (Tratado de Principios 4:3). Así pues resulta que la existencia misma de un individuo, según Ben Azai, indica que el o ella forman parte del plan Divino y no debería ser menospreciado.

Habiendo establecido la santidad de la vida como principio primordial, uno se pregunta: ¿Qué faceta de las relaciones humanas es más importante: reconocer la igualdad de todos los hombres, o amar al prójimo?. 

 

Es interesante observar la diferencia de opinión entre dos de los más grandes Sabios citados en la Mishná, la Ley Oral, sobre la máxima prioridad de uno de éstos valores:

 

Rabí Akiva sostenía que “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18) es una regla de la Torá. Ben Azai afirmaba que la creación del hombre fue hecha a “imagen y semejanza de Di-s“ (Génesis 1: 26 y 5:1) y esto es más importante (Safra, Kedoshim, cap 4:10). Según Rabí Akiva, el valor principal en las relaciones entre dos personas es el amor por el hombre y la humanidad; y según Ben Azai, el valor primordial es la igualdad de los hombres por cuanto cada persona es creada a imagen de Di-s. Ambos valores, igualdad y amor por la humanidad forman parte integral de la ética judía y unidos constituyen la base más profunda del judaísmo en toda las generaciones de todos los tiempos.

 

El precepto “…amarás a tu prójimo como a ti mismo…” (Levítico 19:18) encierra más que un sentimiento positivo hacia otros. Postula un estilo de vida en el cual tales sentimientos se traducen en acción. Decía Hilel: “No hagas  a los demás lo que tú detestas”. Plantear, la “gran regla” de Rabí Akiva en forma negativa hizo mucho más fácil implementarla.

 

Las diferencias entre seres humanos particulares que tienen su influencia más profunda en una sociedad dada, son las divergencias de opinión. La multiplicidad de opiniones es un componente beneficioso y esencial de una sociedad estable. Los Sabios judíos establecieron una bendición referida a este aspecto de la diversidad humana; al ver una multitud: “Bendito sea el conocedor de secretos; pues así como sus rostros no se asemejan, sus opiniones tampoco son similares”. Una multitud es un grupo de numerosos individuos y cada individuo es un microcosmos sagrado, un mundo en si.

 

Frente a tanta diversidad humana, resulta a veces es más fácil para nuestra capacidad cognoscitiva, clasificar a la gente, rotularla, aunque solo sea por el buen orden. Cada uno de nosotros va evaluando a las personas y “clasificadoras”  y esto puede llevar a cierta inflexibilidad de pensamiento que llamamos “estereotipia”, germen de la intolerancia entre los seres humanos.

 

La generalización de conceptos como por ejemplo: “Ellos son…” puede devenir en ideas arbitrarias y poco ciertas respecto a lo individual. Así pues dijo Shmuel Shintzer: “Es sabido que la estereotipia es el instrumento principal de la ley del odio. Dénme un Shylock, y lo multiplicaré y mediante él haré realidad toda una nación de pesimistas y usureros”. Nosotros, los judíos, hemos sufrido tanto como resultado de éste método de generalización que no necesitamos adquirir más experiencias, en esto somos los  expertos mundiales. Los estereotipos y como resultado de esto la discriminación condujo al Pueblo Judío a sufrir las más terribles persecuciones a los trenes para Auscwitz. ¿Quién mejor que el Pueblo Judío conoce de la marginación y la muerte, de la intolerancia y la violencia?.

 

Por su parte Shlomó Aviner  recomendó al hombre “Cuidar las palabras y las controversias públicas”.

 

Aunque el principio de libertad de expresión goza de gran acuerdo en las sociedades modernas, la ley judía propone algunas restricciones a este principio, entendiendo que no existen derechos absolutos, así pues: amenazas, maldiciones, observaciones degradantes y expresiones de naturaleza violenta, no forman parte de un digno ejercicio de libertad de expresión.

 

Aquella discusión en la que se olvidan los más nobles ideales de la humanidad (le Shem Shamaim) y sólo busca el exclusivo beneficio personal o grupal puede olvidar mandatos tales como “No albergaras odio…” (Levítico 19:17), “No tomarás venganza ni guardarás rencor…” (Levítico 19:18), “…no seas como Coré…” (quien instigó disputas innecesarias) (Números 17:5).

 

Sí uno se considera poseedor de la única verdad, corre el peligro de no considerar a su interlocutor dotado de capacidades y defectos que nos puedan enriquecer.

 

Ben Zoria decía: “¿Quién es sabio? Aquel que aprende de todos los hombres…”(Tratado de Principios 4:1) en el fondo, la sabiduría no es un cuerpo fijo de conocimientos, algo definido que puede poseerse de una vez por todas. No se trata de una sustancia que en dosis suficiente, lo capacita a uno para ser llamado sabio.

La sabiduría es más bien un tipo de actividad, una concepción de la existencia, un modo de vida. Para ser sabio, es preciso aprender a actuar con sabiduría, particularmente en las relaciones con los demás. Es necesario desarrollar y mantener la capacidad de aprender de otros, de añadir algo a la propia personalidad como resultado de cada experiencia. La sabiduría no es, por lo tanto, una cualidad permanente que puede colocarse bajo  llave en la caja fuerte del cerebro. El día en que una persona cesa de actuar sabiamente, de adquirir sabiduría, deja de ser sabia.



* Tomado de “Foro Ecuménico. Principios y Postulados”.

* KUNG, Hans y KUSCHEL, Karl-Josef. Hacia una ética mundial.  Madrid: Trotta, 1994.

[1] DRIVER, Juan.  El evangelio: mensaje de paz.  (3ª. ed.) Cd. Guatemala: Semilla, 1997. p. 71.

[2] ROUSSEL, Vincent.  Martin Luther King, contra toda exclusión.  Bilbao: Desclée De Brouwer, 1995. p. 19.

[3] BOTERO URIBE, Dario.  El derecho a la utopía.  Santafé de Bogotá: ECOE, 1994. p. 1,2.

[4] HÄRING, Bernhard.  La no violencia.  Barcelona: Herder, 1989. p. 130.