Desarrollo Rural en Latinoamérica: Actitudes por superar

 

 

 

 

 

 

¿SOMOS POBRES O ESTAMOS POBRES?

Entre los Errores de Apreciación y el Fatalismo

 

Por: Felipe Ulloa

fulloa98@yahoo.com

 

 

 

Afirmaba en un foro realizado en Nicaragua, que las iniciativas de desarrollo son necesariamente tocadas por lo que hay en el interior de las personas y en el espíritu de las organizaciones, pero que también a su vez las iniciativas de desarrollo han de tocar estas dimensiones. Esto significa que las organizaciones actoras del desarrollo tienen también un papel que jugar en el campo de las propuestas de principios y valores

Las conductas individuales y colectivas vienen marcadas por las actitudes individuales, que a su vez toman forma mediante un contrapeso (conflicto, encuentro) que juegan en el interior de las personas sus "necesidades" y su set de "principios y valores". Las conductas de participación y las posibilidades de ejercicio democrático están pues muy marcadas por las actitudes

Desde este artículo quiero hacer un aporte modesto y provocador al esfuerzo que ya se adelanta para descubrir quiénes somos como miembros de esta heterogeneidad latinoamericana, y también qué queremos dejar de ser. Se trata del señalamiento desde mi perspectiva y desde la que ha aflorado en varios talleres que he conducido, algunas actitudes que hasta ahora hemos asumido, y que nos han estimulado a interiorizar. Actitudes que en mi concepto erosionan nuestra capacidad de soñar y buscar caminos para lograr nuestro bienestar.

 

 

¿Somos pobres o estamos pobres?

 

 

Una cosa es privilegiar la afirmación del "ser pobres" y sobrevivientes abrazados, colgados, encadenados al pasado y a las posibilidades perdidas, culpabilizando sistemáticamente a los demás y no a nosotros …y …

Otra cosa es declarar un estado transitorio de "estar pobres", enfatizarnos como personas o comunidades que toman las riendas de la posibilidad de soñar y construir futuros aceptables y que asumen el riesgo y las responsabilidades.

En la primera entra muy bien la lástima que mencionábamos y cabría también la acción desesperada de corto plazo y la venganza. Para transformar el estado de pobreza inherente al ser, solo queda la esperanza en un milagro …pero desde fuera.

En la segunda hay la esperanza en nosotros mismos, se trata de asumirse como sujetos, se trata del reconocerse capaces de ejercer un trabajo paciente que privilegia el diálogo y la construcción de consenso, con efectos duraderos que tocan a las generaciones futuras.

Nada es sostenible si no confiamos en nosotros mismos, en nosotras mismas, si nos tenemos lástima, si dejamos que nos tengan lástima aunque solo sea para conseguir algunos centavos. Hay que vernos de otra manera.

Los proyectos motivados por la lástima, propician lo lastimero y también lo lastimoso, se imposibilitan de estimular valores compatibles con el ejercicio de la ciudadanía.

 

 

 

 

 

Sentir lástima … dar lástima

 

 

 

Muy ligada con la anterior, es una actitud que ha sido afirmada también por años de ayuda internacional mal concebida.

Vemos también esa cultura de la pobreza en el manejo de la lástima. Creo que todos conocemos organizaciones en las que personas se han especializado en contar los sufrimientos y hacer llorar a los visitantes especialmente si son extranjeros, cheles… y se vanaglorian por eso. Se manipula la lástima para movilizar a la gente así como para conseguir una"ayuda".

Nos tenemos lástima,

dejamos que nos tengan lástima,

propiciamos que nos tengan lástima.

"Pobrecita la mujer agredida", "pobrecito el mendigo", "pobrecito el desempleado" o "pobrecita la gente con malos salarios"

 

 

 

Blanco o negro

 

 

Se nos ha enseñado y hemos enseñado que las cosas son blancas o negras, que se está con nosotros o se está contra nosotros. Las cosas salen bien o salen mal. Se actúa correctamente o incorrectamente. Se es culpable o inocente, se tiene razón o no se tiene razón.

Una en oposición a la otra y además excluyente. No se permiten las zonas grises. Es una manera fácil para categorizar las cosas y no hacerlas muy complejas. Pensar así ha contribuído a producir una buena cantidad de los problemas de la época. Para dar una aproximación a la situación, tan solo detallemos la baja capacidad para observar la realidad, o la intolerancia, o eso de ver el error como infierno y no como oportunidad de reflexión y aprendizaje, la injusticia, el silencio por temor, y unos cuantas situaciones más a los que hacemos referencia en este texto.

 

 

Pero ocurre que la realidad está llena de matices y es bien compleja. Hemos aprendido que:

 

 

 

 

El error absoluto

 

 

Hay un fetiche con el error. El error visto como una situación única y no como un resultado de una cadena de situaciones, acciones y decisiones en las que está involucrada más de una persona. El jugador metió un autogol y por lo tanto debe ser castigado, nada tiene que ver el que hubiese sido enviado por el entrenador a una posición a la que no estaba acostumbrado, que el viento fuerte hubiese contribuído a desviar la bola, y que estuviese usando nos "guayos" con un número menos porque no tenían los apropiados en bodega.

Si se revisa la secuencia de succesos el error puede ser analizado desde diferentes fuentes… y eso es válido incluso para los crímenes más horrendos. El error es convertido primordialmente de un motivo de castigo en una oportunidad para aprendizaje y para obtener insumos que permitan enderezar rumbos y evitar situaciones peores, tal vez a tiempo.

Las organizaciones y proyectos pueden cambiar situaciones confusas y prevenir problemas mayores si:

 

 

¡Todo salió bien!

 

 

El autor ha revisado una buena cantidad de informes de evaluación, sistematizaciones, etc., también ha orientado o acompañado un buen número de ellas. En las reflexiones con las personas de las organizaciones involucradas se ha llegado a señalar que hay una tendencia a "pasar el examen" a "no dejarse aplazar", como si el asunto fuera de salir bien o salir mal, de ser "calificados por otros" … como en la escuela. Es tanto que una pregunta que sale casi naturalmente, cuando se terminan un ejercicio de estos es "y…¿cómo salimos?"

Entonces nos encontramos con que:

Se cuenta lo que "salió bien", y si es posible , se resalta mucho y

se infla un poco.

No se toca lo que "salió mal", o si se hace se lo envuelve con muchas palabras y "peros". Se lo minimiza al máximo.

Cuando a ciertos directivos se les señala que algo está fallando, el argumento es de protección para el equipo "es que ellos se pueden desmoralizar"… "hay que tratarlos con cuidado"

Aquí se trastocan las cosas…

Primero, recordemos que los proyectos y las organizaciones de desarrollo no existen para ellas mismas, sino para sus beneficiarios/as, grupos-meta, participantes, etc. Es ante ellos y ellas que hemos de cumplir sobre todas las cosas y actores (incluídas las agencias), dentro de una definición que la organización haya hecho de sí misma.

Segundo, el asunto no es de salir bien o mal, sino de aprender de la experiencia y de corregir rumbos, dentro de un ambiente de ejercicio democrático.

Tercero: Los miembros de los equipos en general ya son adultos, los mantos de protección no hacen más que facilitar las pequeñas dictaduras amables, las relaciones verticales de poder y los inhabilita como sujetos

 

Daríamos un gran paso en las organizaciones y proyectos, si:

 

 

Hallar culpables absolutos

 

 

En 1998, mientras estaba fuera del país con mi familia, "los ladrones" entraron a la casa que habitamos y se llevaron varias cosas que para mi familia y para mí eran valiosas. Si asumo que los ladrones fueron los "únicos culpables" no me voy a detener a reflexionar sobre los errores que yo cometí … y que fueron muchos. Si acepto el juicio apresurado de un buen número de conocidos en el sentido de que los ladrones fueron los vigilantes de la cuadra … "porque así es siempre" estoy cayendo en el argumento de que me tendieron una trampa y pierdo perspectiva de ver con ellos en qué fallaron y a juicio de ellos en qué fallé yo. Si me niego a declarar ante la policía, dado que un buen número de conocidos los considera "menos dignos de confianza que los ladrones"… solo me quedaría hacer "justicia" por mi mano o aguantarme lo que ocurrió de manera pasiva. Tampoco puedo asumir que los ladrones robaron por ser 100% perversos…porque ignoraría primero que son seres humanos con todas las contradicciones propias que eso conlleva. Haría de lado, por ejemplo, los efectos que sobre su acto de robar pudo tener el balance particular del set de valores y anti-valores que les fue presentado de niños-as, y al que fueron expuestos de jóvenes, en contraposición con sus necesidades particulares en estos momentos de pobreza extendida y, también el efecto de sus opciones para hacer otra cosa, etc, etc.

En ese caso lo que nos quedó fue revisar nuestros errores, conversar sobre ello sin ningún prejuicio con los vigilantes y la policía, negarnos a considerar a los ladrones como los malos o al menos los únicos malos de la situación y tratar de sacar conclusiones para aprender de la experiencia. Realmente aprendimos bastante …y creo que no cometeremos los mismos errores nuevamente

 

Generalmente cuando sabemos que nos equivocamos en algo la táctica "inteligente" que hemos aprendido es …

… nunca declararnos culpables, nunca confesar…siempre "negar…negar".

Pero si los indicios son muy fuertes en contra de nosotros o los nuestros, se acude a la otra táctica:

… "es que fuimos víctimas de una trampa" …de un "montaje" maquinado por seres malévolos que quieren perseguirnos… es decir por los "otros".

 

Lo que falla en nuestro lado … y se descubre… no es culpabilidad nuestra … la excusa siempre está presente y son culpables los otros. Los "otros" es algo relativo, según la situación:

 

El cónyuge o la cónyuge, el partido político "X", el árbitro, el burócrata de una organización, la organización que financia, el clima, el fenómeno "El Niño", el alcalde, la policía, los vigilantes, los ladrones, la dirigente, el compañero, el capitalismo, el comunismo, la globalización, la empresa de energía…etc, etc

 

Y no solo son culpables, sino que son 100% culpables. Mientras nuestro dedo acusador se acostumbra a apuntar para afuera… y solo para afuera, vamos introduciendo en nuestra cultura otra característica que nos va marcando. Si "eso" fue el culpable total, entonces yo soy el inocente total y en cierta medida me voy reconociendo inhábil para influir positivamente en la situación … son otros los que deben corregirse o ser corregidos

 

Armar enredos mayores

 

Desde la parte oriental del hemisferio sur, se nos ha dicho muy bien que

mientras mi dedo señala a alguien,

otros tres dedos me señalan a mí.

Y qué desgastante es levantar ese dedo acusador para fabricar a toda costa otros culpables. Se entra en unos vericuetos que obligan cada vez a romper más y más reglas con el fin de salir limpios, creando al final un problema mayor que haber reconocido los errores en primera instancia y proceder a corregirlos.

A primera vista parece que no solo no hemos aprendido a aprender de los errores sino que nos negamos a verlos. Y encima de todo transmitimos esa actitud desde las posiciones de poder de las organizaciones, desde los cargos de dirigencia, desde los medios de comunicación.

 

 

Grados de responsabilidad

 

No hemos llegado en una masa crítica a reconocer que de nuestras acciones y omisiones, propiciamos circunstancias que son desfavorables. Es más cómodo buscar un culpable, es decir un "otro" culpable que sea EL o LA culpable.

Pero eso es una falacia. Por lo mismo que mencionamos arriba, nadie es totalmente responsible de un suceso, sea positvo o negativo.

Hablábamos entonces de "grados de culpabilidad" y mejor que eso "grados de responsabilidad" . En realidad no existe el culpable 100% de algo. Así como en una planificación se reconocen "dosis de responsabilidad" que se distribuyen entre los diferentes actores y se acepta la influencia de factores externos … también cuando el hecho ocurre, hay que ver al presunto hechor o hechora como la cara visible de una serie de sucesos y decisiones en las que pueden estar involucrados muchos actores individuales y colectivos.

El aprendizaje viene entonces, del ejercicio de reconstruir esa cadena y buscar los porqué's.

 

Eso es precisamente lo que se espera de las oportunidades que brindan los proyectos y organizaciones para revisar lo que se está haciendo (evaluaciones, historiaciones, sistematizaciones…), pero además damos un gran paso si :

 

 

 

 

La responsabilidad social

Pero levantar ese dedo acusador para "limpiarse" puede ocurrir porque otros lo permiten … lo estimulan. No se asume que tanto la comisión de actos perjudiciales como el silencio ante esos actos que cometen otros tienen grados de culpabilidad o tal vez mejor grados de "responsabilidad". El concepto mal entendido de "lealtad a toda costa" pasa por encima del de justicia y por encima del derecho de transparencia de los procesos que se supone que tienen esas gentes a las que se pretende favorecer.

 

 

 

"Los afectados son los que conocen su problema"

 

 

En una afirmación muy común en esta época, se aduce que solo conocen sus problemas quienes lo sufren y aquí … caemos en varias trampas.

Ocurre en la realidad que cada sector y cada persona puede tener apreciaciones diferentes de la realidad según la información de que disponga, el instrumental para interpretarla y sus marcos de referencia.

Es cierto que las comunidades locales tienen información de lo que ocurre allí, pero suele faltarles información para enmarcar la realidad local en las realidades más macro. Incluso en muchos espacios supuestamente académicos de América Latina, aún en esta época de globalización, todavía nos llega la información a retazos, descontextualizada.

El instrumental para captar la realidad es limitado, por eso ciertas herramientas como el FODA, los árboles de problema, los análisis de actores, etc., suelen ser bien acogidos al menos por las personas más protagónicas en los sectores marginados de la población.

La interpretación de la información, puede hacerse con diferentes filtros. Quiénes interpretan depende mucho de quiénes tienen el poder y cómo se maneja incluso en los niveles locales. La historia local influye necesariamente en la manera de interpretar una situación.

 

 

Propongo a los lectores y lectoras considerar otras posibilidades, como las siguientes:

 

  1. Personas diferentes y grupos sociales diferentes ven de diferente manera la realidad, y por tanto los problemas.
  2. No es posible conocer completamente una situación, siempre hay limitaciones.
  3. Nadie, una persona o grupo social, puede conocer completamente una situación.
  4. Quienes sienten un problema lo aprecian desde sus respectivas ópticas y son legítimamente los más interesados en resolverlo

Si aceptamos esto, todos los actores en el proceso asumen un rol de sujetos pero con responsabilidades diferentes.

 

 

 

La solución la tienen los afectados/as

 

 

Esta afirmación también nos lleva a varias trampas, entre ellas:

 

 

Lo cierto es que la solución que van a seguir debe ser finalmente decidida por quienes son los afectados

 

 

 

En resumen

 

 

Lo que se pretende afirmar es que no solo las metas duras y los numeritos pueden seguir siendo la razón de los proyectos. El plano espiritual de los individuos, así como el plano espiritual de las organizaciones, son materia urgente del ya tan manoseado desarrollo. Es cada vez más el momento de mirarnos a nosotros mismos con otros ojos, como latinoamericanos y como ciudadanos del mundo. Hagámoslo sin temor y sin recato, aún a riesgo de cometer algunos errores.